El calendario electoral dictado por el Consejo Nacional Electoral ha determinado el cierre de alianzas y primarias en todo el país, con lo cual los actores han tomado posición en el tablero político, para las elecciones seccionales de febrero 2023. Esta primera prueba ha sido superada con muchas dificultades, lo cual demuestra la debilidad de las organizaciones políticas para enfrentar el reto de cumplir los requisitos de incluir candidatos cabeza de listas del sexo femenino, en al menos 30 %, debiendo ser alternadas con varones, además de 25 % de candidatos menores de 29 años.

Esta forma demagógica de alentar la participación femenina y juvenil, se convierte más bien en una forma de discriminación hacia los varones y los mayores, puesto que dichas organizaciones tienen muy baja participación de estos. Al momento de completar las listas, deben forzar a personas cercanas para que “presten su nombre” y cumplir con el requerimiento. Las consecuencias van a ser nefastas, pues se elegirán muchas mujeres y jóvenes que no tienen vocación política y menos preparación, habiendo ocupado puestos que pudieran ocupar personas mayores de edad y del otro sexo, mejor preparadas.  

Estas medidas adoptadas por un Ente electoral compuesto por cinco miembros escogidos por los partidos políticos de mayor poder, seguramente pretenden congraciar a grupos supuestamente beneficiarios de la medida. Sin embargo, rayan en violación de los Derechos constitucionales de los individuos, para “elegir y ser elegidos”. Nadie ha cuestionado estas normas que han puesto en jaque a sus propios autores. La consecuencia será un debilitamiento de las estructuras seccionales, que ya adolecen de muchas falencias por la falta de preparación de sus autoridades.

La prolífica aparición de partidos y movimientos, pone en riesgo la legitimidad de los resultados electorales, por lo que los genios del Poder electoral han creado una serie de estímulos para promover alianzas, reducir el número de candidatos y minimizar los daños colaterales que a sus propias organizaciones les ha causado. Los incentivos son, entre otros, obviar el requisito de presencia de mujeres encabezando listas y recibir una mayor asignación de recursos para financiar la campaña. 

Con estos estímulos, en los días previos al cierre del plazo para concretarlas, se vivió una verdadera “feria de alianzas”. Raudos y veloces, todos buscaron pareja para ser beneficiados, sin importar la ideología, ni los antecedentes. Se ofrecían camisetas de todos los colores para cualquier potencial candidato. Ningún partido tenía requisitos a cumplir, ni ideología para promulgar. Observamos diferentes alianzas de los mismos partidos con otras parejas en distintos cantones. Es decir, todos con y contra todos. Una generalizada promiscuidad política, que sin duda alguna parirá vástagos incapaces de enrumbar la gestión que les corresponde. 

Todas estas manipulaciones de la clase política, son la causa de fondo para su fracaso y la razón por la que el barco de la Nación está a la deriva. Las erráticas políticas adoptadas por los salvadores de la Patria grande y las Patrias chicas durante los últimos 43 años de democracia, han logrado el estancamiento de nuestro país, a pesar de los recursos que tenemos. Ha imperado la demagogia, el populismo, el despilfarro, la corrupción y todos los males contemporáneos.

Este proceso eleccionario nos da una nueva oportunidad de corregir el rumbo. A pesar de las limitadas opciones que tenemos para escoger de entre los “improvisados” candidatos, tenemos la posibilidad de identificar los lobos disfrazados de oveja, que con halagos, regalos, sonrisas, ofertas falsas, promesas vanas, música y algarabía, buscarán nuestro votito para echar mano a los escasos recursos públicos en su propio beneficio. Exijamos pruebas confiables de idoneidad y honorabilidad.

¡NO NOS DEJEMOS ENGAÑAR!