Toda crisis económica crea inactividad laboral y la desocupación forja pobreza en las grandes mayorías. Mientras tanto, la corrupción -que es sinónimo de descomposición social- siempre debe tener como contrapartida el castigo. Desgraciadamente hasta la fecha no vemos sino esporádicas sanciones a los atracadores de los dineros del pueblo, pese a que el país reclama cárcel para toda una gallada destructora del Estado ecuatoriano en la última década y la devolución de los dineros asaltados. Esto ha creado indignación y desengaño en los ecuatorianos, una sociedad indignada, desengañada, empobrecida y sin esperanza -es una caldera por estallar-, constituye una verdadera bomba de tiempo. Para desactivar esta bomba debemos vivir plenamente la democracia, los administradores del Estado,-mandatarios, deben comprender a sus mandantes, interpretar sus angustias, procesar sus demandas, escoger las medidas más justas que no afecten a las grandes mayorías solo así podremos tener la esperanza de un futuro de justicia y dignidad.
La planificación en tiempos de crisis pasa a un segundo plano, especialmente esa programación que surge de una metodología teórica y compleja propia de los últimos 10 años de desgobierno, tan es cierto que el actual Presidente Lic. Lenín Moreno Garcés, resalta que existen miles de obras inconclusas “planificadas” y claro, los embusteros ahora elaboran teorías para justificar porque no se cumplió con esa planificación y sus posibles culpables… en todo caso, se trata en época de crisis de identificar la forma de satisfacer las demandas sociales más urgentes e ir enfocando en el mediano y largo plazo lo esencial para el desarrollo social y económico de la patria. Es en estos momentos de crisis cuando se ve al verdadero mandatario y a su equipo de trabajo, el país no puede caminar a la deriva, inyectando recursos sin obtener resultados, justamente en época de crisis es donde se debe optimizar el uso de los escasos recursos con los que se cuenta.
La planificación si es oportuna este momento en lo relacionado con la reinstitucionalización del país. Algunas de las instituciones creadas en estos 10 años pasados deben ir desapareciendo de manera ordenada-planificada- mediante procesos que amaine la presión social estancada en cada ecuatoriano. Los últimos acontecimientos de la vida nacional hacen necesario que el Presidente de la República, respetando los derechos individuales y colectivos imprima carácter a sus decisiones y acciones, restablezca el respeto a la autoridad de sus gobernantes, las decisiones deben ser firmes y oportunas.
Es hora de encontrar un Estado concertador cuya visión nos lleve hacia un proceso de desarrollo a través de un reordenamiento institucional manteniendo incentivos y hasta creando otros con el comprometimiento en ello de todos los sectores sociales y políticos. Los ecuatorianos necesitamos un Estado que fortalezca lo básico e indispensable en salud y educación, que garantice y brinde seguridad jurídica, seguridad ciudadana, que plantee una verdadera política exterior y que dicte medidas en el campo económico que no afecten a las grandes mayorías; es decir, necesitamos un Estado que protegiendo a su pueblo de estrangulamientos y traumas económicos-monetarios, combine su gestión con el sector productivo y lo invite a invertir recursos e iniciativas para asumir en conjunto los riesgos que el momento exige.
El tipo de Estado que queremos y que a nuestro criterio se debería impulsar, estaría orientado a estimular la competitividad a través del fomento, desarrollo y regulación de los mercados relacionados directamente con la producción, la eficiencia y el acceso al crédito, el mejoramiento de la infraestructura científica y tecnológica de la educación en general y en particular de la superior (Universidades, Escuelas Politécnicas, Institutos Superiores), así como una nueva visión en el ámbito de la industria, la agricultura y la ganadería. Todo esto acoplado a una verdadera participación social que permita una amplia representatividad en la adopción de decisiones y la ejecución de acciones. Debemos estar claros que no existe peor obstáculo para el desarrollo de un país que la inestabilidad y la falta de transparencia en la administración de la cosa pública y, fundamentalmente, en la toma de decisiones del administrador del Estado.
Usted tiene la palabra señor Presidente Constitucional de la República… no es pertinente a estas alturas del ejercicio de su período presidencial, que exista ausencia de verdaderas políticas de Estado en lo interno y externo y que se mantenga el mezquino interés de grupo que de una u otra manera usted preside políticamente. La patria exige transparencia. El día lunes sabremos por donde caminamos. Usted es el Presidente de todos los ecuatorianos.(O)

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