El mensaje que continuamente estamos acostumbrado a mirar, advierte a los pasajeros a bordo que coloquen sus celulares en “modo avión”; el propósito: evitar interferencias y asegurar adecuada operación de la aeronave. Luego, similares mensajes aparecieron en anuncios de comercialización de productos y servicios: como “modo testy”, “modo diseño”, “modo esto”, “modo aquello”, y así por el estilo. Las áreas de “marketing” se volvieron aún más creativas.

El transporte aéreo y el turismo -actividades estrechamente vinculadas e interdependientes-, tuvieron una importante y nunca experimentada contracción en lo que va del año 2021, debido a los nocivos efectos de la pandemia. Estas industrias están ubicadas entre las más penosamente golpeadas en el mundo, según lo mencionan entidades especializadas en la materia. Ecuador no es la excepción y urge recuperarlas.

Ya se menciona que, en este período, “las aerolíneas han volado en modo supervivencia”. Esa es la triste realidad en la que se encuentran, dado que muchas han desaparecido, otras se han acogido al Capítulo 11 (ley de quiebras en EE.UU.), o se han achicado; en fin, han sufrido cuantiosas pérdidas, con el consiguiente penoso despido de personal, devolución o cancelación de pedido de aeronaves; draconianas medidas -pero indispensables-, para poder subsistir en la esperanza de recuperarse en el futuro cercano.

Como el tiempo vuela de manera inclemente, es mandatorio preparar el terreno para recuperar lo perdido, en busca de la ansiada “normalidad”, post pandemia. Es previsible que los viajes se tornen masivos: los ansiosos usuarios y pasajeros -frecuentes o no-, abordarán las aeronaves, como nunca lo hicieron, en “desquite” por las restricciones incómodas impuestas por los distintos gobiernos, en orden a que el insufrible covid 19 no se expanda y logren controlarlo. 

El país igualmente requiere prepararse para un esperado “boom” de viajeros. El gobierno ha hecho pronunciamientos favorables destacando la importancia de los sectores turístico y aéreo. Entre las medidas previstas se ha anunciado la necesidad de dictar una nueva ley de turismo, aunque su tratamiento requiere tiempo, dadas otras prioridades políticas. Lo que realmente se requiere es estatuir ciertos incentivos, en pro de la recuperación económica general del país, mediante el envío a la Asamblea de una Ley económica urgente, en la que se contemplarían obviamente los requeridos para los sectores en cuestión.

Eso estaría bien, pero no es suficiente. Hay que trabajar en paralelo en otras acciones y medidas, ojalá concertadas entre los sectores público-privado, que ayuden a dinamizar a estas dos actividades. En materia de vacunación, el empresariado está cooperando de manera admirable, puesto que la recuperación económica pasa primero por la salud. Por ello, atender la vacunación masiva a la población es de extrema prioridad.

Dicho lo anterior, para que el Ecuador pueda ser considerado un atractivo destino turístico, se requiere ofrecer a los visitantes un ambiente de seguridad, escenario que se va tornando cada vez más peligroso e inmanejable; se precisa controlar este mal para evitar caer en las alertas que realizan gobiernos extranjeros cuando no se ofrece esta elemental garantía a sus nacionales. De todas maneras, siguiendo recomendaciones a los Estados por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), se precisa eliminar ciertos impuestos que gravan injustamente a la industria del transporte aéreo. Me refiero al impuesto del 5% sobre el valor de cada galón de combustible que se expende en el país; y, el “Ecodelta” establecido para “incentivar el turismo”, cuyo valor que paga el pasajero es de $ 50 para vuelos regulares y $ 60 para los “chárter”, impuesto que no cumple el objetivo para el cual fue creado.

Como medidas complementarias, se advierte la necesidad de:

(ii) celebrar acuerdos de “cielos abiertos” para ampliar las oportunidades comerciales a las líneas aéreas, eliminando el 5% del Impuesto a la salida de divisas (ISD.

(ii) procurar la suscripción de contratos de trabajo flexibles, dada la naturaleza y particularidades de las actividades turísticas.

(iii) evitar la tramitología para la obtención de permisos, autorizaciones y registros, para facilitar los emprendimientos y funcionamiento de las actividades turísticas.

Por fin, la capacitación es una cuestión esencial y vital, para ofrecer adecuada y cordial atención a los clientes, y contribuir a la difusión de nuestros valores culturales.