La parroquia rural de Mulaló es considerada zona de riesgo ante una eventual erupción del volcán Cotopaxi.  

Los primeros meses, después de la reactivación del Cotopaxi, varias personas migraron a zonas conocidas como seguras, pero con el pasar de los años, volvieron a su tierra.

Rosita Ibujes es oriunda de San Agustín del Callo, uno de los 30 barrios que conforman la parroquia Mulaló. Recuerda que el 25 de agosto del 2015, es decir, 10 días después de la reactivación del Cotopaxi, migró al barrio Las Bethemitas de Latacunga.

Ahí arrendó unas piezas, en las que se acomodaron con sus hijos y hermana; con los ojos lagrimosos por los recuerdos, recrea cada momento y el dolor que le significó dejar su pequeña casa, en la que tenían animales de corral.

“Nos decían que el volcán iba a explotar cualquier día, que teníamos que salir”. En la desesperación por proteger a sus hijas de cinco y 10 años, se las llevó a la primera oportunidad.

Vivieron siete meses en Las Bethemitas, antes de pensar en volver. La decisión se tomó, al notar que la ciudad no ofrecía las mismas comodidades y seguridad que el campo.

“Sabemos que el 90% de personas volvieron, pues extrañaron su hogar, su lugar de origen”, aseguró, Mariela Valladares, teniente político de Mulaló. Quien ve con buenos ojos que sus coterráneos regresen, pero que no descuiden el tema de la preparación.

René Ramírez es una de las personas que dejaron de lado el plan de contingencia familiar, pese a estar consciente de la realidad de peligro que representa vivir cerca de un volcán activo.

A la par, le preocupa ver que las autoridades se “desentendieron” de la situación. Supo del nuevo simulacro que se realizará en septiembre, sin embargo, considera que el trabajo debe mantenerse y no realizarse por temporadas.

De acuerdo a Valladares los planes de contingencia familiar, así como los kids de alimentos y medicinas no se renovaron. “Durante los primeros meses cada quien tenía sus kits, pero como las cosas se caducan, ya casi nadie volvió a renovar”, aseguró. (I)