Otro sismo político de alta intensidad sintió el país con motivo de la esperada renuncia de la vicepresidente designada por la Asamblea Nacional, de una terna presentada por el presidente Lenin Moreno, al quedar vacante el puestito que ocupaba el victimizado compañerito de la Revolución de las manos ardientes. Todos nos miramos con asombro al escuchar el trío de candidatas a tan ansiado encargo, sobre todo por el manejo de sectores estratégicos que mueven muchos recursos e intereses. No está claro lo que llevó al presidente a elegir a tres damas, cuya carrera política no era su mejor carta de presentación.
Elegida que fuera la joven Vicuña, ocupó sonriente el sillón vicepresidencial de la mano de su sabio padre, que desde las alturas del banco del Pacífico, observaba con sigilo los movimientos del gobierno de turno, esperando poder entrar al ruedo para poner en práctica sus ideales heredados de la revolución Castrista. Fue notoria la actividad proselitista que ejercía la VP, sin cesar, en todo el territorio, motivando a las escasas huestes del virtual movimiento Alfarista Bolivariano para que se organicen y aprovechen su paso por el gobierno. Naturalmente, las cosas se facilitaron mucho gracias al acceso a vehículos, aeronaves, seguridad, empleados, instalaciones, etc. que el Estado le puso a su disposición, aunque no precisamente para esos fines.
Las pasiones políticas llevaron a juicio a dos militantes correistas que para su mala suerte fueron descubiertas. La una, visitando de forma subrepticia a una testigo protegido para ayudarle a pensar bien su versión que comprometería al jefe de la gallada. La otra, por haber resuelto sus angustias financieras con la ayuda de diezmos impuestos a sus colaboradores y haber sido encontrada in fraganti como lo demostraron los depósitos realizados en sus cuentas. No se puede afirmar que estas dos inocentes víctimas de la voracidad de sus ex compañeros asambleístas sean las únicas que han realizado estas prácticas reñidas con la Ley y la moral. Pero fueron las cabezas de turco.
Lo vergonzoso es que, entre las armas de defensa de la asambleísta acusada de ingresar ilegalmente al centro carcelario en visita a testigo protegida, esgrimió ante sus juzgadores la declaración juramentada que habría realizado días antes un ex colaborador de la vicepresidente. Con esta prueba en mano, tomaba virtualmente de rehén a la Vicuña, amenazando denunciarla en caso de ser destituida. Una vez fuera de sus funciones, cumplió la amenaza y destapó el escándalo que forzó la renuncia de la ex segunda mandataria.
Esta colección de hechos que han salido a la luz pública enardece la moral pública y alarma a los ciudadanos de bien. No salimos del asombro al descubrir cada día otra forma de corrupción que envuelve a los más altos poderes del Estado y ponen en grave cuestionamiento la credibilidad de los actores políticos. ¿Qué más hay detrás de todo esto? ¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿Cuál será el siguiente escándalo?
Desde hace un año y medio que se instauró el actual Gobierno, hemos abrigado la esperanza de que lo peor ha pasado y que debemos reconstruir la confianza en el futuro del país. El optimismo volvió a los ciudadanos cuando se enfrentaron actos de corrupción y a sus autores, cómplices y encubridores, poniendo a varios de ellos tras las rejas, mediando el debido proceso. Pero estos hechos bochornosos que evidencian una ausencia de valores en quienes ostentan la representación del pueblo, nos causan mucho escepticismo. Debemos repensar la forma de salir de la obscuridad en que sobrevivimos por una década. Lo que estamos haciendo no es suficiente y no funciona.
¡Debemos pensar en quien confiar!(O)

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