– El domingo 2 de abril participé de cuerpo y alma en el Salón de la Democracia del Consejo Electoral de Cotopaxi -junto al Dr. Wilson Altamirano-, en la “…instalación de sesión permanente…” (17:00) y en la “…instalación en sesión de escrutinios…” (21:00) -examen de las actas- que prevé la Ley. Después de cumplir las formalidades legales, la señora Presidenta de la Junta Provincial Electoral, Ab. Margarita Veloz, pidió que ingrese el Dr. José Gabriel León, Notario Tercero al Auditorio (17:00) para que proceda a ENCERAR. ¿Encerar? me pregunté para mis adentros, y me dije: si a él, siendo el Notario, le van a poner a encerar, ¿qué me pedirán que haga yo?, continué cavilando: ¡a lo mejor me manden a trapear todo el edificio!, ¡a lo mejor me manden a barrer hasta el patio!, ¡a lo mejor me ponen a encerar lo que falta del edificio porque el señor Notario no pudo terminar con la tarea! ¡Chucta, ya me jodí! Enseguidita me acordé de la deferencia con que mi Sambita me pone a encerar la casa todos los domingos. Pero -me  consolé- este ‘encerar’ no ha de ser para poner cera en los pisos, sino que debe ser para que el señor Notario revise la base de datos y constate que no tenga ninguna papeleta ingresada de los candidatos y que el conteo electoral parta de cero (acto que tenía que cumplirse a las 21:00 cuando se “…instala en sesión de escrutinios… y examen da las actas…” y no a las 17:00 cuando se “…instala la sesión permanente…”. -Ojo- “ordenado por el Consejo Nacional Electoral, se dijo”). Recuerdo que pedimos que otro Notario constate el ‘enceramiento’ a las 21:00, pero no se aceptó. Ahí caí en cuenta de los singulares términos revolucionarios adoptados para cada materia en esta época ganada: para las jornadas eleccionarias va el ‘encerar’; para el procedimiento judicial civil (Cogep va el ‘legítimo activo y el legítimo pasivo’, que en cristiano quiere decir actor y demando. ¡Qué chistosos son estos revolucionarios con sus terminejos!, y la de sustos que nos hacen pasar a cada rato, incluido el resultado de las elecciones.

– Hablando de revolución, no hay que olvidar que en todas ellas (francesa, bolchevique, china, cubana, liberal) “el proceso revolucionario se comió a sus hijos”. En la francesa, Maximilien Robespierre -representante del Tercer Estado de Artois- puso en marcha la revolución instaurando el Régimen del Terror y eliminó (hasta en la guillotina) a sus más cercanos camaradas: Danton, Marat, Saint-Just. En la bolchevique, Josef Stalin (Vissariónovich Dzhugashvili) sucesor de Lenin, ejecutó sin piedad a los más conspicuos revolucionarios bolcheviques de la Revolución de Octubre: Zinóviev, Kaménev, Smirnov, Piatákov, Tujachevski, Bujarin y Rikov, culminando con el asesinato más famoso, el de León Trotsky en 1940. En la revolución china Mao Zedong (Mao Tse Tung) eliminó a sus mentores Li Dazhao y Chen Duxiu, y en 1971 a través de Chou En Lai, acabó con Lin Piao, Chen Po Ta,  Juang Yung-sheng, Li Tsuo-peng,  Wu Fa-sien, Chiu Jui-tsuo, Li Tseuo-peng y Yen Chug-chuan, algunos de los cuales fueron artífices de la Larga Marcha que culminó con la fundación de la República Popular China. En la revolución cubana, Fidel y Raúl Castro se deshicieron de todos aquellos líderes que podían hacerles sombra: Huber Matos, Camilo Cienfuegos, Ernesto Guevara -enviado a gestar una revolución imposible (sin condiciones objetivas en Bolivia), y más tarde a Arnaldo Ochoa y Tony La Guardia. En el Ecuador, la revolución liberal tuvo un hijo que se separó de su líder Eloy Alfaro, el general Leónidas Plaza Gutiérrez, y que dividió las huestes liberales entre alfaristas y placistas, cuyo momento culminante fue la Hoguera Bárbara del 29 de enero de 1912, junto con los asesinatos del coronel Carlos Concha y del general Julio Andrade.

– Se afirma que ‘la política es cíclica’. Ojalá la ‘Revolución Ciudadana’ perdure en camaradería los trescientos años prometidos en Montecristi, o muy pronto veremos la desbandada: cada cual al lado del leninismo o del rajuaelismo. Desde ya hay voces que piden el remplazo de los actuales funcionarios por haberse mantenido tanto tiempo en el poder, por lo que -‘salidos’ o sacados- tendrán que esperar largos cuatro años de morirse del hambre hasta que retorne de Bélgica el Ausente. A lo mejor -por el tiempo- las huestes ya ni se acuerden de él y pase al polvo de la historia.

– Hasta la próxima parada, donde me deje el Tren Bala

– Luis Carrillo Andrade (O)

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