El precio del petróleo es por mucho uno de los marcadores más monitoreados en la economía por su influencia en lo político, social, ambiental y por supuesto por su volatilidad. Los cambios y fluctuaciones en la economía históricamente van de la mano de la demanda energética y esto tiene una implicación directa sobre la economía de las naciones.

Existe una estrecha relación entre la evolución de la humanidad y el consumo energético, el desarrollo tecnológico, la calidad de vida, el confort, la prosperidad -incluso la riqueza- están condicionados por la disponibilidad de energía y uno de los principales obstáculos que enfrentamos a largo plazo es el cambio de la matriz energética, los combustibles fósiles serán sustituidos por otros tipos de energía; hace poco se creía que esta revolución se daría por el agotamiento del petróleo, pero ahora parece que ocurrirá porque los países empiezan a promulgar políticas para dejar de consumir derivados fósiles, además ocurrirá por los avances en la tecnología del sector transporte, que se obligan a buscar opciones con otras fuentes de energía, la eficiencia también aporta su cuota en este cambio por los avances en las nuevas y nacientes energías renovables y por los costos competitivos que la eólica y la solar fotovoltaica tienen en el mercado, por mencionar algunas de las razones que motivan este cambio de matriz energética.

Es impensable creer que las economías en vías de desarrollo puedan prosperar sin un creciente consumo de energía, por esta razón es clave que los programas de desarrollo de estas naciones contemplen nuevas y modernas soluciones energéticas para no colocar como base de su motor económico el petróleo, lo que a futuro simplemente comprometería cualquier programa de desarrollo por todo lo expuesto en el párrafo anterior. Según el reporte publicado en el The Journal One Earth la transición hacia un mundo 100% con energía renovable para el 2050 costaría a las naciones 73 billones USD, cifra que debe ser considerada con una inversión para frenar en buena parte los efectos sobre el clima.

Actualmente el 86% de la demanda energética en el mundo está soportada por recursos convencionales fósiles (carbón, petróleo, gas), esta base sólida no puede soportar un cambio abrupto de modelo energético y esta es una de las razones por las que se dificulta alcanzar los objetivos del acuerdo de París; los efectos secundarios de no conseguir estos objetivos aún no están claros, pero el cambio climático podría pasar una factura nada despreciable a la infraestructura actual y la agricultura.

La comunidad científica mantiene su postura sobre el efecto negativo en el clima que supone la forma actual de llevar a cabo los procesos industriales, según un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), desde 1950 se observan cambios en todo el sistema climático sin precedentes en los últimos siglos e incluso milenios. Y desde 1850, cada uno de los tres últimos decenios ha sido sucesivamente más caliente en la superficie de la Tierra que cualquier decenio anterior.

El camino hacia una producción con emisiones cero es muy ambicioso y los objetivos del acuerdo de París son todo un desafío, a pesar de la urgencia por un cambio en la forma de producir, vivir y consumir los avances aún están lejos de lo esperado. Las grandes naciones productoras están conscientes de los efectos negativos que podría tener en la calidad de vida para las futuras generaciones el ritmo actual de demandar energía y materias primas, sin embargo, el proceso de transición energética todavía no es una realidad en la mayoría de las naciones.

Los efectos del cambio climático no solo tienen influencia directa en el medio ambiente, sino que podría ser catalizador de la pobreza, como lo indica el Banco Mundial, que acota que “si no se controla, empujará a 132 millones de personas a la pobreza en los próximos 10 años, revirtiendo los avances en materia de desarrollo logrados con gran esfuerzo”, esto brinda una base sólida para decir que el climático incluso es un problema económico. El mismo Banco Mundial calcula en 18 mil millones USD anuales el costo que los desastres naturales le representan a las infraestructuras de transporte y energía a los países con bajos y medianos ingresos y se determina en al menos 390 mil millones USD/año los trastornos generalizados a las familias y empresas.

Ser más eficientes y apostar por sistemas productivos y energéticos de emisiones cero sería la mejor opción y la ejecución de estas soluciones tendría un impacto directo en el medio ambiente, a pesar de todas estas implicaciones positivas el cambio debe ser de forma paralela con la matriz productiva, y la forma de producir.

Virginia Snyder (Especialista Senior en Energía del BID) formula una pregunta que hace aterrizar las ilusiones a la situación real, ¿cómo se sincroniza la transición energética y la planificación del sector de energía con los planes nacionales para cumplir con las metas del Acuerdo de Paris?; esta simple pregunta debería ser puesta en la mesa de diálogo de todas las naciones.