Saber quiénes somos es un elemento sociocultural básico para generar pertenencia, es así como los pobladores -a la vez que reinvindican su identidad individual- le suman el referente de su entorno. Una de las particularidades con la cual se relacionan sus habitantes está marcada por el uso tradicional de ‘apodos’, ‘sobrenombres’ y ‘seudónimos’.

Apodos o alias: Estos son denominaciones de carácter descriptivo basadas en algún rasgo o condición de la persona a la que nombran,  se utilizan en sustitución del nombre propio o acompañando a este. Con seguridad, estimado lector, en este momento estará pensando en los apodos de sus amigos cercanos o del suyo propio, ya que la mayoría -por no decir todos- tenemos uno.

Por el particular entorno de algunos personajes, existen apodos que trascienden y pasan a formar parte de la memoria colectiva de los pueblos llegando a construir historias de vida que configuran leyendas urbanas; así, son populares en Latacunga: el Tolón, la Diosita-Dioselina García, el Chinchinaca, por mencionar unos cuantos.

Hay apodos que se constituyen en referencia identitaria colectiva, por ello en el país cuando dices que eres de Latacunga, automáticamente te reconocen o te autoreconoces como ‘Mashca’. En la parroquia urbana Juan Montalvo, popularmente conocida como San Sebastián, sus habitantes son conocidos como ‘Shairucos’. Hay otros que, debido a la modernidad, lastimosamente van desapareciendo, por ejemplo a los barrenderos de la ciudad se les denominaba ‘capariches’, palabra que viene del verbo kichwa caparina, que significa gritar, estos singulares personajes anunciaban la llegada de la aurora y la hora de limpiar la ciudad.

No podemos dejar de mencionar otros referentes de identidad colectiva, es así que a los integrantes de las diversas instituciones educativas es común identificarlos como: chapas, oxidados, chocheras, cauchos, sapos, monjas, chivas, por mencionar algunos.

Sobrenombres: Son calificativos que siempre deben ir acompañados del nombre propio. Entre los más conocidos en estas tierras panzaleas podemos poner como ejemplo a: Zuco Rivera, Chispo García, Ñato Zúñiga, Goyo Borja, Chiche Hervas, Mochila Herrera, Gato Custode.

Seudónimos o nombres artísticos: Son los nombres utilizados por escritores y artistas en el ejercicio de sus actividades, en lugar del suyo propio.  Pongamos algunos ejemplos:

Hernán Iturralde Egas, escritor y caricaturista, firmó sus trabajos como Hernanie; Luis Eduardo Freire, firma como Lalo el librero  de Lata; la cantante Delia Obando es reconocida en el mundo artístico como Ailed, la voz de oro; la cantante Sandra Guanotuña, oriunda de Zumbahua, se autoidentifica como la Diva andina; Sisa Toaquiza, oriunda de Tigua, traslada a la traducción castellana su nombre y es así que se hace llamar Florcita andina; Doris Acosta, cantante pujilense, se proclama como la Incomparable.

Estas particularidades que envuelven a los pobladores forman parte de una tradición muy arraigada en Cotopaxi, es por eso que más allá de identificar a las personas por sus nombres propios es más facil referenciarlos por el apelativo rápido y popular que pasa a formar parte de cada uno, llegando incluso a ser parte de la herencia familiar.