En una noche de desvelo, meditando a la luz de la luna, como le entra el agua al coco, me vino a la mente evaluar el tiempo que laboramos en el Ecuador, especialmente al recordar la paralización que se nos impuso a todos, a cuenta del desagrado, aunque justificado, de un importante grupo de ciudadanos, por la promulgación de un Decreto Ejecutivo.
Aquí va la cuenta. Formalmente, existen 52 semanas en el año, de las cuales al menos 15 días son vacaciones pagadas para quien tiene empleo adecuado, o 30 días para los burócratas; luego debemos descontar los días feriados, que por arte de la vagabundería local se mueven a día hábil cuando caen en fin de semana, que totalizan 11 días. No olvidemos los días “de permiso”, sean inventados, enfermados u otra excusa, que serán al menos siete días al año. Para redondear, aumentemos las faltas, porque me da la regalada… que podrían ser unos siete días de yapa. Habremos paralizado el trabajo un total de 40 días, 0 55 en el caso de la burocracia, que representan OCHO SEMANAS (5 días hábiles por semana) de las 52 que nominalmente trabajamos. Por tanto, pudimos haber trabajado un neto de 44 semanas.
Pero eso no queda ahí. El último invento para dejar de trabajar es la “reivindicación de Derechos” por parte de quienes consideran que se debe protestar por la falta de atención del Poder político a sus aspiraciones, paralizando a todos, atropellando sus Derechos Humanos. Esto nos costó doce días de “no hacer nada” y estar atemorizados por los vándalos que descubrieron la mejor oportunidad de poner en práctica las artimañas destructivas e intimidantes que viven virtualmente en los violentos juegos electrónicos. Hemos perdido dos semanas adicionales. Por todo lo que nos han quedado apenas CUARENTA Y DOS SEMANAS DE TRABAJO EN EL AÑO 2019. Representa apenas el 80% del tiempo laborable.
Puesto de otra manera, en nuestra pequeña y hermosa República del banano, necesitamos parar para descansar o festejar, cada CUATRO DÍAS trabajados. Un día por semana! Y aún nos preguntamos ¿porque no salimos adelante? Mientras otros países, inclusive de nuestra Región, laboran 44 horas a la semana o laboran en más de un empleo, ajustando sus horarios por horas a su disponibilidad de tiempo. Lo propio ocurre para los sacrificados auto empleados, que NO conocen lo que es una vacación pagada, un permiso, ni horarios rígidos, ni fines de semana, ni feriados, como agricultores, ganaderos, pescadores, conductores, vendedores ambulantes y miles de compatriotas que no gozan del “privilegio” de un trabajo adecuado, que les permita soñar en esos “lujos”.
Apenas 38% de la población en edad de trabajar tienen una estabilidad relativa, con cuidados de salud, seguridad social, horas extras, y demás, que están garantizadas por el obsoleto Código del Trabajo. Mientras que el restante 62% de los potenciales trabajadores con estabilidad, no tienen ingresos o disponen de forma irregular de ingresos inestables y sin garantías de ningún tipo.
Este panorama sombrío y triste, debilita la economía en general y no permite lograr un crecimiento en favor de las grandes mayorías. Más penosos aún, que a la hora de darle solución, modificando la camisa de fuerza que representa el obsoleto Código del Trabajo actual, que pronto cumplirá 90 años de existencia, los pseudo dirigentes sindicales, que cada vez representan a menor número de trabajadores, levantan barreras infranqueables para proteger las canonjías conseguidas, impidiendo que se abran nuevas modalidades de trabajo que nuestros compatriotas utilizan exitosamente en otras latitudes, hacia donde han migrado en busca, precisamente de esas oportunidades.
¡PONGÁMONOS A TRABAJAR DE VERDAD! (O)