Hace casi una década, el Municipio de Latacunga estableció la necesidad de construir un nuevo camal para reemplazar al vetusto, antihigiénico, mal ubicado y contaminante camal de San Martín. Empezó un largo trajinar que hasta la presente fecha no concluye. El primer error del Alcalde en funciones, arquitecto Rodrigo Espín, fue esperar de la generosidad del autoritario mandatario que lideraba el movimiento político del cual era miembro destacado, para que financie la obrita en nombre de la Revolución Ciudadana. Exactamente el mismo obstáculo que impidió que se iniciara el plan maestro de alcantarillado, cuyo costo se estimaba en $75 millones de dólares.

La pretendida reelección fracasó para el saliente Burgomaestre, cediendo el sillón de Cajiao a un descalificado candidato que capitalizó el enojo del Soberano por la engañosa construcción de la cárcel regional, elegantemente rotulada como “Centro de Rehabilitación Social Sierra Centro”. El inesperado surgimiento del partido del “IESS” -formado por Ramiro González con la ayuda de funcionarios, empleados, usuarios y hasta pacientes de la Seguridad Social- le llevó a ocupar el Ministerio de Industrias y Producción, desde donde convocó a sus coidearios para darles una ayudita y que se luzcan en sus funciones. Ante la falta de proyectos más relevantes, el alcalde de la 8 desempolvó los papeles del proyecto para el truncado camal y lo puso en manos de su líder político.

Pocas días demoró el trámite, siendo favorecido el cantón Latacunga con la “donación” de $2 millones destinados a la compra de equipos “super modernos” de un proveedor español, con el que ya estaba bien recomendado el negocio, como lo habían hecho con otros cantones conquistados por los “Avanzados”.  En cuestión de días, se cerró el negocio y los equipos estuvieron listos para despacho en espera de definir el sitio de instalación y la construcción de la obra civil para albergarlos. La incapacidad de la administración Sánchez solo logró relevar al fabricante de su responsabilidad de garantía y recibir los equipos, que han permanecido abandonados en una bodega municipal, sin que nadie responda de su estado.

Fracasada la instalación en Pastocalle por ser zona de riesgo, luego en los humedales de la hacienda Tilipulo impedido por la ciudadanía, se pretende ahora ocupar los terrenos donados por el Gobierno Nacional que fueron destinados para la cárcel y que gracias a los pobladores de Maca no se concretó. El Municipio de Latacunga ha dado muestras de inoperancia en empresas públicas como Epagal, Radio Municipal, incluso las elementales labores que le corresponden, como atención al público, mercados, informalidad, vialidad. Esta novelería costaría a los ciudadanos al menos $7 millones, pues además de $2 millones donados, ha contratado un empréstito superior a $4 millones y ha dispuesto casi uno  del presupuesto propio.

Las cifras reales del camal de San Martín evidencian que apenas se despostan en promedio 100 reses por semana, mientras la capacidad del nuevo sería de 240 por día. Esto significa que los ingresos generados no cubrirían ni los intereses del préstamo que se ha contratado. Las pérdidas estimadas superan $un millón anuales a cargo de los contribuyentes.

Finalmente, no existe agua fresca suficiente para garantizar la operación, ni cauce hídrico para descargar los contaminantes efluentes que solamente podrían utilizarse para agricultura previo uno de varios alternativos tratamientos que demandan espacio físico con inevitable contaminación ambiental. La ubicación no es técnicamente apropiada y la inversión es financieramente perjudicial para los escasos recursos de la ciudad. Debería analizarse un camal único para el valle de Latacunga con sus cuatro municipios, por medio de una alianza público privada. Los recursos públicos deben administrarse con extremo cuidado.

¡ EVITEMOS UN FRACASO! (O)