Todo cambia, pero al parecer después de cierto tiempo, ciertas cosas tienden a repetirse. Dicen también que “no hay mal que dure cien años”, pero inmediatamente la contradicción se pronuncia “ni cuerpo que lo resista”; hay personas que piensan que las cosas son cíclicas y se recalca un dicho que manifiesta ¡Este mundo es redondo y todo da vueltas! lo que se resume que todo lo que hagas, tiene un efecto, pudiendo ser este positivo o negativo; a esta circunstancia podríamos denominarla ley causa-efecto la cual determina que no existe el azar, ni podemos echar a la mala o buena suerte las consecuencias de lo que pensamos y hacemos.
Constantemente presenciamos una magia restauradora, así la vida una y otra vez pone al individuo en situaciones de conflicto a fin de que pueda enmendar sus acciones y enfrentar esos efectos generados.
Si no se superan los problemas estos se volverán a presentar; pero logrado el objetivo, jamás aparecerán nuevamente, pues se entiende que has aprendido la lección. Este proceso “edifica al ser” en razón de que las personas han adquirido “sabiduría de vida”
Lamentablemente estas enseñanzas no pueden ser trasladadas a otra u otras personas, pues es necesario que cada ser, vaya adquiriendo experiencias propias.
Muchas veces optamos por tratar de advertir especialmente a nuestros seres queridos que hacer ante un conflicto en base a nuestra experiencia; estos consejos cargados de afectividad, lamentablemente lo único que hacen son interponerse en el libre proceso de aprendizaje y formación personal e individual.
Recientemente pude ver un video en redes sociales el cual consiste en una secuencia de imágenes bajo el titulo “valora lo que tienes” el autor es Igor Kalashnikov. La historia se narra de esta manera: “Un hombre se encuentra en un automóvil de lujo quien agobiado por el tránsito, mira al cielo y ve un helicóptero pasar y dice: “si yo tuviera un helicóptero, podría evitar este tedioso tránsito”; un conductor que iba a su derecha en un vehículo rojo de esos llamados todo terreno; observa al auto de lujo y piensa “ese auto sí que es un sueño”; en el mismo costado pero un poco detrás, el conductor de un auto nuevo viendo al carro rojo señala: “como me gustaría tener un todo terreno”; acto seguido cruzando en sentido contrario el conductor de un vehículo bastante usado viendo al flamante auto azul comenta, ¡wow! “Un auto nuevo”, aparece en la misma escena de forma inmediata un ciclista y viendo el auto viejo expresa: “me encantaría tener un auto”, alguien estaba caminando rumbo a la parada de autobús y mirando al ciclista pasar junto a él, pronuncia: “seria genial tener una bicicleta”, mientras desde el balcón de una casa una persona con discapacidad en silla de ruedas observaba al caminante y suspirando piensa: “él si puede ir a dónde quiera”.
Lo descrito muestra nuestra verdadera naturaleza, todos los días nos quejamos de algo; sea del gobierno, de los políticos, del clima, del trabajo, en fin somos seres complejos, inconformes y ambiciosos; debemos muchas veces tocar fondo para reaccionar y preguntar ¿Qué pasa con nuestro estado de conciencia?
Dicho esto, es fácil darse cuenta que todas las soluciones a los problemas del mundo estaría en nosotros, tratamos de que todo a nuestro alrededor cambie, pero no nos damos cuenta que quien debe cambiar es el propio ser humano y su mentalidad.
El filósofo griego Heráclito pronunció estas palabras: “Todo fluye, todo cambia, nada permanece”
Lo interesante de este pensamiento es que como seres humanos debemos propender a que todo siga su curso, y nunca aferrarnos a nada porque al fin de cuentas todo debe renovarse, ¡Sí! cambiar pero que las cosas cambien, no significa que inicien o terminen, sino trasciendan.
Finalmente pensar que nada de lo que acumulemos materialmente en nuestras vidas nos pertenece, el buen legado que podemos dejar para el futuro es y será siempre la nobleza de nuestros actos.(O)

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