El mundo está librando una verdadera guerra contra el enemigo letal covid-19. La diferencia con una guerra convencional a la que estamos acostumbrados, es que nuestro enemigo es invisible y acecha en todo lado en busca de un ser humano que le hospede y le permita ingresar en su sistema respiratorio, a través de boca, ojos o nariz, para mutar y volverse muy agresivo, reproduciéndose muy rápidamente hasta llegar a destruir nuestros pulmones, impedir la oxigenación de la sangre y finalmente causarle la muerte.

Ante esta agresión, la humanidad tiene un objetivo claro, que requiere de estrategias y tácticas. Los soldados seremos todos los habitantes que estamos expuestos a enfermar y morir. El virus no tiene compasión para atacarnos. Tampoco debemos dudar en utilizar armas destructivas para el virus guiados por nuestros lugartenientes que visten mandil.

El OBJETIVO: eliminar el virus. La ESTRATEGIA: detener su expansión y neutralizarlo cuando se aloja en el tejido humano. LAS ACCIONES TÁCTICAS: diagnósticos para identificar contagiados; aislamiento inmediato de sospechosos y diagnosticados; distanciamiento social y protección personal.

DIAGNOSTICAR LOS CONTAGIADOS. Alrededor de 70% de los contagiados no presenta síntomas. Sin embargo, el virus se reproducirá a gran velocidad invadiendo su sistema respiratorio y será esputado a su alrededor, contaminando todo lo que encuentren a su paso. El virus permanecerá latente mientras no se destruya con el paso de hasta 72 horas, o sea disuelto por agentes antivirus como alcohol, cloro, jabón o amonio cuaternario. Mientras tanto, otro ser humano puede contagiarse por contacto con esa superficie, alojándolo en su piel, ropa, guantes, lentes o mascarilla, hasta depositarlo en las células vivas de ojos, boca o nariz, y permitir su mutación y reproducción.

AISLAR A CONTAGIADOS aunque no tengan síntomas, y  SOSPECHOSOS mientras sean confirmados, para evitar que el virus pueda alcanzar a otros. Caso contrario, este podría contagiar -en promedio- a tres personas y cada una de ellas a otras tres, en una progresión geométrica que puede contagiar a miles en cuestión de días.

DISTANCIAMIENTO SOCIAL. Mientras se examina al mayor número de sospechosos y personas con y sin síntomas, TODAS las personas -indistintamente de edad, sexo, condición social u otros- deben mantener la distancia mínima de DOS METROS con cualquier persona que se haya expuesto a lugares públicos, aunque sean miembros de su propia familia. Esto es imperativo y debe cumplirse sin excepción, en cualquier lugar que se encuentren dos o más personas. El virus es una estructura proteica rodeada por una envoltura de grasa, que por su peso cae hasta un metro de distancia del contagiado. Así se evita ser alcanzado por las micropartículas.

PROTECCIÓN PERSONAL. A pesar de los tres pasos descritos, para prever la posibilidad de que una persona aloje al virus en su piel, al tocar una superficie contaminada o recibir las microgotas que esputa un enfermo, es indispensable llevar mascarillas, lentes y guantes, DONDE SE PODRÍA ALOJAR EL VIRUS sin atacar, hasta que sea colocado en ojos, nariz o boca por el mismo individuo de forma inadvertida, e inicie el proceso de reproducción descrito. Debemos tener extremo cuidado de no llevar esas moléculas del virus a la cara, con las manos, con o sin guantes.

Mientras no fortalezcamos el frente de lucha frontal contra el virus, ejecutando todas estas tácticas de guerra, y se distraigan esfuerzos hacia actividades complementarias que no atacan el problema, como túneles que desinfectan exteriormente a las personas sanas y enfermas, sin DETENER LA EXPANSIÓN POR CONTAGIO ORIGINADO EN LAS PERSONAS CONTAGIADAS, el virus tendrá ventaja sobre la población. Es una guerra con armas biológicas que debemos ganar, no solamente soportar.

¡Más vale tarde que nunca! (O)