En la historia de la humanidad se reconocen varias revoluciones. Cada una de estas revoluciones tuvo su impacto en las sociedades humanas. La revolución científica, encabezada por disciplinas como la matemática, física, química y biología, cambiaron la forma en que vemos la realidad. Una de las consecuencias de la revolución científica fue cambiar pequeñas comunidades a grandes sociedades más individualistas.
El individualismo es un fenómeno social reciente. Para entender como una tendencia al individualismo evolucionó, regresemos en el tiempo. Imaginemos que vivimos en el medievo, durante el desarrollo de la agricultura. Muchas instituciones como bancos, escuelas u hospitales no existían. Estábamos forzados a trabajar en un negocio familiar y casarte con la persona que tu familia escogió. Las personas no pasaban mucho tiempo con preguntas existenciales. Las preferencias personales y deseos rara vez tenían importancia real y las personas no experimentaban un fuerte sentido de individualidad.
Si pudiéramos traer a un individuo del medioevo al presente, probablemente se preguntaría por qué los humanos nos volvimos lunáticos. No solo porque nuestra tecnología sería confusa, sino principalmente porque nuestro comportamiento es tan egocéntrico. Un ejemplo con el que la mayoría de nosotros nos podemos relacionar es cómo, hace apenas una década, tomarse selfies era algo relativamente extraño y narcisista.
No más que hace varias generaciones, las familias y las comunidades fueron los pilares de todas las sociedades humanas. Cuando estabas enfermo, tu familia te cuidaba. Cuando querías comenzar un negocio, sería una empresa familiar y juntos recaudarían el dinero para ello. Cuando algo era demasiado serio o exigente, la comunidad local acudía al rescate. La Revolución Industrial cambió todo, disminuyendo la necesidad de las familias y las comunidades a medida que el estado y el mercado comenzaron a crecer. Porque con la revolución industrial llegaron, entre otras cosas, fábricas, donde las personas podían ganarse la vida de forma independiente.
A medida que pasaban los años, el estado y el mercado ganaron aún más poder, debilitando aún más los vínculos tradicionales. El Estado y el mercado presentaron ofertas difíciles de rechazar: puedes trabajar en lo que quieras, casarte con quien quieras y vivir donde quieras. Ya no dependes de tu familia o comunidad. Nosotros, el Estado y el mercado, cuidaremos de ti en su lugar. Si quieres estudiar una profesión, tenemos escuelas para enseñarte. Si desea abrir un negocio, el banco te prestará dinero. Si estás enfermo por unos días, el seguro de salud te cuidará. Estado y mercado se convirtieron en nuestra madre y padre, y nosotros, como sus hijos, solo pudimos sobrevivir gracias a su apoyo.
Pronto comenzamos a sentirnos alienados ya que aún estábamos acostumbrados a los lazos emocionales de nuestras familias y comunidades. Nuestro deseo de experimentar un sentimiento de unión ya no se cumplió de la misma manera. Pero las tendencias del consumidor comenzaron a ocuparse de esto. Empezamos a construir nuestras identidades alrededor de las celebridades, los equipos de fútbol, la moda, música, mascotas y más, y gastamos nuestro tiempo y dinero en ellas. Una y otra vez, seguimos esforzándonos por ser parte de las comunidades que nos validaron por lo que pensamos que somos. Sin darme cuenta de que este sentido de identidad defectuoso nunca fue definido por nosotros, sino más bien por una construcción cultural que evolucionó a través de la historia.
En la evolución de las especies se ha observado varios patrones regulares. Uno de estos patrones es que las especies constantemente desarrollan nuevos mecanismos de adaptación. Si estos nuevos mecanismos dan mejores resultados que sus predecesores, entonces son heredados a las nuevas generaciones. Los humanos también seguimos el mismo patrón de comportamiento. El individualismo puede ser una nueva faceta de la evolución humana y quizás poco a poco estamos renunciando a un sentido de comunidad o familia. Nuestra primera impresión es que tanto individualismo nos deshumaniza, sin embargo, dicho proceso no tiene por qué ser visto como malo. ¿Qué hubiera sido del ser humano si los primeros simios erguidos hubieran renunciado a dicha práctica? El hecho es que estamos experimentando los beneficios y perjuicios del individualismo y con el tiempo se decidirá si es parte o no de la evolución humana. (O)
Autor José G. Mena

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