Para nada vamos a hacer calificaciones de valor sobre lo poco que se sabe del caso de la ciudadana que habría perdido la vida dentro de una instalación policial. Eso es tema de la justicia, y siempre debemos considerar que sobre cualquier evento hay más de una versión.

Pero si debemos ajustar nuestros criterios a lo que es técnicamente correcto y, sobre todo, aprender a pensar fuera de apasionamientos y sobre todo, lejos del morbo.

Lo primero que hay que entender es que no toda mujer que aparece muerta es víctima de femicidio. Para que exista esta figura legal debe comprobarse, en primer lugar, que había una relación anterior que se enmarcaba en la violencia y el sometimiento. En segundo lugar se debe justificar que el motivo del crimen es el solo hecho de que la víctima es mujer. Es decir, no hay femicidio si el crimen se da por celos, venganza, iras o deudas: solo hay femicidio si la única motivación es que la víctima sea mujer.

Por supuesto, esto es muy subjetivo y prácticamente imposible de comprobar, por eso cada vez somos más los abogados que consideramos que el delito de femicidio, tal como está escrito en la ley, es inútil, no protege bienes jurídicos reales y que además es imposible de comprobar técnicamente. ¿Por qué los jueces están sentenciando como femicidio? Porque está de moda, nada más. No hay parámetros técnicos dentro de la ciencia del Derecho Penal (que es una ciencia y debería ser exacta) para determinar los elementos que la ley ordena determinar para configurar femicidio.

Otra cosa que tenemos que entender es que en gran medida se ha venido construyendo una imagen automática del hombre y de la mujer cuando se habla de un conflicto. Automáticamente el hombre es malo y violento; y automáticamente la mujer es buena e indefensa. Es decir, en muchos casos, cuando conocemos de un conflicto de pareja, aún sin conocer nada del tema, calificaremos al hombre como malo y a la mujer como buena. Esto es una construcción falsaria y discriminatoria que se ha venido dando en las últimas décadas, merced al activismo de ciertos grupos y a la irracional debilidad de nuestros políticos populistas.

También es bueno que entendamos que si un hecho delictivo de cualquier tipo se da dentro de instalaciones públicas, no necesariamente significa que aquella entidad tenga algo que ver con el asunto. Si, parece que asesinaron a una mujer en las instalaciones de la Policía Nacional. Pero si no se determina que este crimen haya sido producido como parte de una política de la institución o bajo comando u orden institucional, entonces la ubicación es meramente circunstancial. Por supuesto sigue llamando la atención los bajísimos estándares de seguridad que tienen nuestras fuerzas de seguridad (vale la cacofonía).

Todo crimen es execrable y no tiene justificación. Pero hay mucha diferencia entre un psicópata o un sicario y una persona que, en un exceso de ira o celos, mata a una persona. Y es igual de criticable la tendencia que tenemos hoy, como sociedad, de satanizar al extremo a un criminal “de oportunidad” hasta convertirlo en lo que no es: un psicópata.

Hemos perdido la magnitud de las cosas y fabricamos realidades falsas. Y aunque me lluevan las críticas, tengo que decir con apego a la técnica, que en el Ecuador no existen homicidios basados en criterios de género, particularmente contra mujeres. Esto no quiere decir no haya mujeres que han sido asesinadas en manos de hombres, de sus parejas o ex parejas. Negar eso sería una estupidez. Pero es falso, o hasta el momento no se ha demostrado, que la motivación de esos crímenes sea el solo hecho de que la víctima sea mujer. Eso no existe, no está documentado e insistir en ello es mentir.

Cuidado, que cuando la técnica dice que NO y alguien dice que SI, ese alguien tiene intereses ocultos. Normalmente políticos o económicos.

Ya escribiremos sobre esos intereses ocultos dentro de los discursos de minorías modernos. Nada es como parece. (O)