Para las elecciones que vienen, las organizaciones políticas deberán presentar listas en las que, obligatoriamente, haya un 25 % de personas jóvenes (18 a 29 años) y un 30% de mujeres encabezando listas. Esto, que parece una forma de multiplicar el acceso de estos grupos a la política; y que, por lo tanto, estaría mejorando nuestra democracia, en realidad hace todo lo contrario.
Así como ahora se trata de mujeres y jóvenes, podríamos estar hablando también de personas sexodiversas, discapacitados, indígenas, etc. Es decir, hablamos en general de cualquier grupo específico de personas.
La esencia de la democracia es hacer la voluntad del pueblo mediante el poder de las mayorías. Cuando obligas al aparato electoral a colocar a estos grupos específicos (cualquiera que sea), técnicamente no puedes estar seguro de que esto sea la voluntad mayoritaria. No digo que esté mal hacerlo, pero definitivamente no hay forma de garantizar que este tipo de decisiones pertenezcan a la mayoría de población y no solo a la agenda del grupo de poder.
Pero hay un segundo asunto que es más preocupante: obligamos al aparato electoral a colocar grupos específicos en elecciones, en un país que no tiene plataformas políticas seriamente estructuradas. Los mejores hombres y mujeres del país no están en los partidos políticos. Tampoco hay estructuras políticas específicas de estos grupos.
Y no los habrá si seguimos así, porque si alguien tiene un puesto seguro en el aparato electoral, entonces no se esforzará para llegar a él. Es verdad que los partidos políticos han estado vedados para mujeres y jóvenes. Pero no es menos cierto que éstos tampoco se han organizado políticamente. Los indígenas, por ejemplo, tienen a Pachakutik, con lo que sortearon la supuesta discriminación que sufrían en la política hasta hace tres décadas. Pero no hay un partido político de mujeres, o uno de jóvenes.
Lo que trato de decir es que reservarles la casilla en la papeleta no garantiza una verdadera participación política de jóvenes y mujeres, sobre todo cuando no existen plataformas de jóvenes y mujeres. Guardarles el puesto no compensa décadas de mantenerlos relegados de la democracia, de tratarlos como un insumo electoral y de posponer sus intereses y anhelos.
Seamos claros: una persona de un grupo específico cualquiera, que acaba siendo elegida por haber estado en primer lugar de la papeleta, sin más mérito académico o político que su pertenencia a ese grupo específico, es un títere. Es una burla a la democracia en tanto no promueve a los mejores ciudadanos por ser mejores; al contrario, distrae al elector y le obliga a dar su voto por personas a quienes seguramente no apoyaría, cuyas ideas no conoce. Es un engaño, es un fraude.
De nuevo, y con más fuerza que nunca, tendremos papeletas enormes, llenas de “quientanserán” nuestro voto será desperdiciado en pro de las mafias que hoy han secuestrado al sistema electoral. Insisto: es un fraude.
Aún no empieza la campaña y ya hay fraude electoral. No porque el procedimiento se corrompa, sino porque no va a dar el resultado que debería dar. Es que el mismo procedimiento legal encierra el fraude, nos están engañando haciéndonos votar por “quientanserán”, y no por aquellos que, posiblemente, hubieren estado en las casillas con mayor mérito.
Si realmente queremos darles espacios de participación a personas que representen a grupos específicos, esta no es la forma. Lo que se debería hacer es abolir el actual sistema de “partidos políticos para llevar” y regresar a un sistema de pocos partidos fuertes, con democracia interna real y auditada, que hagan un trabajo de difusión de bases sin adoctrinamiento y que sirvan de plataforma para nuevos liderazgos donde, si se hace bien, de seguro habrá muchas mujeres, jóvenes, indígenas y discapacitados sin necesitar ninguna limosna legal.
Hacer lo que se está haciendo, en el Ecuador de hoy, es una trampa para el elector, un fraude a la democracia y un atentado al concepto mismo de elecciones populares. Aceptémoslo: hoy hay muy pocos líderes fuertes y visibles que pertenezcan a estos grupos específicos y que estén participando en política activa, sea por la causa que fuere, pero es así. ¿Con qué se va a rellenar el resto de la papeleta? (O)