El 18 de julio 1979 cayó la dinastía de los Somoza luego de medio siglo de gobernar en Nicaragua, con la partida de Anastasio ”Tachito” Somoza Debayle, quien gobernó desde mayo 1967, siguiendo la tradición dinástica familiar desde 1934 hasta que fue derrocado por los guerrilleros del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
El Sandinismo es un movimiento político nicaragüense basado en las ideas del guerrillero Augusto César Sandino (1895-1934), General de hombres libres, que lideró un movimiento revolucionario contra las acciones imperialistas de Estados Unidos de América en su país.
José Daniel Ortega Saavedra ejerció su primer mandato presidencial en Nicaragua entre 1979 y 1990 y retomó la presidencia en enero 2007 hasta la actualidad. Ortega lidera el FSLN, partido acusado de cometer múltiples fraudes electorales por tener secuestrados los órganos electorales del país.
En abril de 2018, tras la reforma al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) se abre un episodio de protestas populares en el que se producen varios muertos debido a la violencia desatada, por miembros de las Juventudes Sandinistas y por opositores, que se transforma en un acto dirigido por algunos partidos de la oposición, como el Movimiento Renovador Sandinista, y otras fuerzas sociales, en un intento de sacar a Ortega de la presidencia, cuyo período concluye en 2021.
La situación ha degenerado a un punto extremo. El Sandinismo al mando de Daniel Ortega está cometiendo un verdadero genocidio, arremetiendo contra una población desarmada, como no lo hizo ni siquiera el autoritario dictador Somoza, a quien ayudó a derrocar. Este nuevo dictador que ha ostentado el poder con las mismas artimañas de sus coidearios que se camuflan bajo engañosas etiquetas en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y Brazil, debe responder por la vida de más de trescientos seres humanos que reclamaban se les devuelva la libertad, la democracia y su derecho a elegir. El “comandante” Edén Pastora espera el movimiento de un dedo de Ortega para “aniquilar” la oposición popular, a quienes acusa de “criminales” por apoyar el “golpe de estado”.
Es abominable que el presidente y la vicepresidente de Nicaragua, esposos por mera casualidad, hayan perdido la capacidad de ver la realidad de su pueblo, al que han sumido en la más profunda crisis política luego de haber usufructuado del poder por veintidós años y pretendan mantenerlo ilegítimamente aún a costa de la vida de sus compatriotas, que para ellos no vale nada. Los pueblos hermanos hemos sido agraviados por esas muertes injustificables y no podemos callar como lo hacen nuestros gobiernos, so pretexto de la autodeterminación de los pueblos. El execrable genocidio anula ese principio, peor aun cuando se ha cercenado el derecho a decidir de ese pueblo hidalgo que otrora apoyó al FSLN con “soldados” que desde la edad de 16 años militaba en sus filas con el ideal de libertad legado por Sandino.
Ecuador estaba en la misma senda del autoritarismo que pudo desembocar en genocidio. Venezuela cayó en manos de ilegítimos mandatarios que han cometido actos de lesa humanidad y han sumido a su pueblo en la peor crisis económica, política y social de su historia. Los que no huyen de su Patria, arriesgan morir por hambre, por falta de medicinas, por homicidio o por desesperanza.
Los ciudadanos libres no podemos callar. Debemos solidarizarnos con los hermanos que han caído en la desgracia de ser desgobernados por quien se ha ganado infelizmente un puesto en la historia que supera los abusos de poder de “Tachito” Somoza, a quien le derrocó el pueblo ahora traicionado.
Parecería que a Ortega le hicieron un ritual de Vudú. ¡La vicepresidente debe ser investigada!(O)

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