Allí estaba Scarlett, en la playa, con su diminuto bikini azul, sus gafas del sol y su celulitis… Aquella famosa actriz de Hollywood que por años se ha robado suspiros y elogios de miles, que ha sido catalogada como una de las mujeres más sexis del mundo, que ha actuado en un sin número de películas… paseaba plácida y despreocupadamente por la playa mostrando su cuerpo con aquellas marcas tan odiadas por las mujeres.

La imagen generó diversas reacciones, muchos la criticaron de haberse despreocupado de su físico y otros, en cuyo grupo me incluyo, lo hemos agradecido. Y es que, si una actriz de Hollywood que cuenta con el dinero, médicos y especialistas tiene celulitis, queda claro que la perfección NO existe.

Por años, muchas nos hemos mortificado con las imágenes de aquellas mujeres famosas, hemos invertido tiempo, dinero y esfuerzo en asemejarnos a ellas. Nos hemos obsesionado con eliminar cualquier indicio natural como: celulitis, estrías, arrugas, ojeras, granos, papadas, kilos extra, canas, callos, juanetes, llantas, manchas, lunares, cabellos rebeldes y cualquier otra señal de imperfección. Si bien, tanto esfuerzo y dedicación ayudan, lo cierto es que inevitablemente el tiempo y la naturaleza hacen de las suyas. A pesar de ello, no nos resignamos, recurrimos al maquillaje, los rellenos, las fajas, las dietas peligrosas y los productos milagrosos… Nos fascinamos con la magia de los filtros y el Photoshop que nos presentan una idea de lo que anhelamos ser, mientras el espejo nos recuerda que aquellos imperfectos siguen ahí.

Las grandes empresas y los medios han hecho negocio de nuestra necesidad de ser perfectas. Imágenes como la de la celulitis de Scarlett Johanson, los granos de Beyonce, los juanetes de Jennifer López y las llantas de Selena Gómez son las que nos devuelven a la realidad y nos invitan a cuestionar el concepto de bello. Aquellas fotografías sin retoques nos invitan a reflexionar que aquellas imperfecciones que tanto odiamos, son absolutamente NORMALES. No podemos seguir sintiéndonos desdichadas y frustradas por nuestro cuerpo, peor aún permitir que más niñas crezcan sometidas a estos estándares de belleza ridículos y anti natura.(O)