No cabe duda que el futuro de nuestra provincia y de cada uno de los cantones dependerá de la sabiduría con que sepa elegir el pueblo. Y es que no es un tema que se deba tomar a la ligera o por puro cumplimiento, para evitarse una multa y tener la papeleta de votación necesaria para muchos trámites.
Si hablamos de las alcaldías, hay que saber que de la entrega, compromiso, profesionalismo, seriedad, honradez de los alcaldes, dependerá el bienestar inmediato de los conciudadanos. La falta de olfato a la hora de elegir ha determinado, por ejemplo, que la capital provincial arrastre serios problemas procastinados por décadas de desidia. 
El que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes, y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo, dice la palabra evangélica, algo que tiene mucho sentido porque ocupar un cargo de tanta envergadura requiere de enorme sacrificio si se toma con responsabilidad y civismo y no como un simple trabajo del que se puede sacar buena tajada, buen sueldo y “reconocimiento” que para el ego de algunos ha sido forma de vida. 
Por otro lado no se puede olvidar que la elección de prefecto es de las más delicadas en una provincia, pues él es la máxima autoridad administrativa de la misma y además presidirá la institución conformada por un 

viceprefecto,  alcaldes y por los miembros de las juntas parroquiales. Ingentes recursos dependerán del Consejo Provincial, por lo que de su buen manejo dependerá directamente el adelanto de la provincia entera en vialidad, medio ambiente y regadío. (O)