¿En qué coincidimos todos en este momento en el que el corona virus ha paralizado el planeta?

¿Saben en qué?   El mundo necesitaba respirar, pero no dentro de un respirador, como lo hacen las personas infectadas lamentablemente.

Necesitaba respirar de la polución, del tráfico y las industrias, del ruido de los autos y los insultos de persona a persona para que le cedan el paso.  Se puso su ALTO al trabajo para preocuparnos más por LA FAMILIA, valorar el trabajo de los médicos y enfermeras, policías, recolectores de basura, vendedores del mercado, farmacéuticos, profesores en general, todos los que de una u otra forma les ha tocado estar en alerta las veinte y cuatro horas del día.

¿Por qué tuvimos que esperar tanto tiempo hasta este año 2020 para darnos cuenta de que muchas veces tenemos la felicidad frente a nuestros ojos? Me refiero a la familia y amigos que la vida nos ha puesto en el camino.

Los más grandes países paralizados, nadie se ha librado de esta pandemia, pero de lo que sí nos podemos librar es del miedo, el miedo a creer que no terminará. Porque todo tiene un principio y un fin. La paciencia en este momento y el acatar una orden por un tiempo es por el bienestar de todos.

Que este silencio nos sirva para meditar, en todo lo que ha pasado por nuestra vida, y nos haga valorar lo que realmente tiene valor y no se puede comprar con nada,  LA SALUD.

Que este silencio nos ponga más cerca de los que más nos necesitan, nos haga disfrutar de las pequeñas maravillas: la naturaleza, los animales, el sol, la luna, el planeta en sí.

Cuando salgamos a la calle, esperemos ver cambios de actitud en la gente frente al planeta, cuidándolo y siendo mejores personas.

Que quede en la conciencia de cada uno en lo que debe mejorar, en lo que se tiene que cambiar, en lo que debemos SER AGRADECIDOS.

Empecemos a planificar bien nuestro futuro y el de nuestros seres queridos en este momento de silencio, nunca es tarde para rectificar y volver a empezar.

Después de la tempestad viene la calma.

Debemos pedir a Dios por los gobernantes del país para que traten de resolver y ayudar a las personas más vulnerables y ya contagiadas. Y pedirle por cada uno de nosotros para que desde nuestra trinchera -que es nuestro hogar- sacar lo mejor de cada uno y estar al pie del cañón sin desfallecer y salir todos juntos triunfantes de este caos.  ¡Lo lograremos! (O)