No está por demás decir que en Europa la gran mayoría de frutas y vegetales tienen un alto costo, el comer una ensalada de frutas frescas y dulces es realmente un privilegio. Más allá del precio hay que tener suerte para que los productos comprados tengan el sabor esperado. Pese a todo esto no es un limitante para que los europeos incluyan grandes cantidades de frutas y verduras en su dieta diaria. Muchos de ellos viven en ciudades con reducidos espacios verdes y pese a ello se dan los modos de sembrar sus propias hortalizas en macetas; están sumamente conscientes de la importancia de llevar una dieta saludable y eso se evidencia en su calidad de vida.
En el otro extremo, estamos los ecuatorianos. Pese a que contamos en todo el año con una gran variedad frutas y verduras; el consumo de las mismas es mínimo. Nos orientamos más por los carbohidratos, las grasas y el azúcar en exceso. El arroz en la cena, el almuerzo y hasta el desayuno es obligatorio; nos limitamos a acompañarlo con pollo, carne o cerdo, con una mínima cantidad de verduras, más por decoración que por necesidad. Carecemos de creatividad al momento de cocinar, tanto que llegamos al extremo de combinar arroz, tallarín y papas en un mismo platillo.
La cantidad de verduras que consumimos es muy pequeña y por si fuera poco solo en el caso del tomate y la lechuga nos atrevemos a consumirlas crudas; el resto las cocinamos al punto que se deshagan y evidentemente pierdan sus propiedades nutritivas.
La dulzura de las frutas no nos resulta suficiente y añadimos una buena dosis de azúcar a los jugos. De no consumirse estos, las gaseosas o bebidas procesadas son la mejor opción.
Ahora la falta de tiempo, la facilidad y la variedad de productos en el mercado han hecho que las loncheras de los niños se compongan de frituras, alimentos procesados, dulces y gaseosas. El intento del Gobierno de regular los bares escolares se ve frustrado por los hábitos de los niños, quienes guardan el dinero de su lunch para comprar en la calle o en las tiendas las golosinas que prefieren.
La situación se complica todavía más debido al sedentarismo. Nos encanta mantenernos en nuestra zona de confort, tal es el caso que preferimos el auto en lugar de caminar unas cuantas cuadras. Vemos al ejercicio como una actividad de moda o vanidad, mas no como un modo de vida.
Inconsciente y descaradamente con todos estos hábitos nos quejamos del sobrepeso y las enfermedades. En nuestro país las enfermedades cardiovasculares son la principal razón de muerte. Nos lleva a tomar consciencia, el considerar que si tan solo se hubiera cambiado los hábitos alimenticios y sedentarismo muchas de estas muertes pudieron haberse evitado.
Los datos son alarmantes, 40% de la población ecuatoriana tiene sobrepeso, un mal que aqueja ya no solo a adultos sino también a jóvenes y niños. Desgraciadamente nuestra cultura nos lleva a tomar conciencia del ejercicio y la dieta únicamente cuando llegamos a enfermarnos y resulta demasiado tarde.
No esperemos a que lleguen las dolencias para cambiar nuestros hábitos. (O)

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