Una de las expresiones artísticas que calan profundo en las personas es la música. A través de ella, generaciones hemos conocido sobre el amor, la amistad, las conquistas sociales, la desigualdad social, expresiones de tristeza y algarabía.
Recuerdo que la radio sonaba de una manera particular los domingos, era nostálgica, me trasladaba a una esfera de paz, pero al mismo tiempo de expectativa por una nueva semana. Recuerdo también que en mi casa se escuchaba música en varios idiomas; inglés, francés, portugués. Esto, porque mi padre en sus viajes se aficionaba de los ritmos nuevos que descubría y nos compartía una parte de su experiencia a través de las canciones que traía en Cd’s que aún conservamos.
Uno de los recuerdos más bonitos que conservo de esa época, es sentarme a escuchar la melodía e imaginarme los lugares por donde había estado mi papá, y que ahora tengo la fortuna de conocer muchos de ellos. Los imaginé, tal y cual los percibo ahora con mis ojos.
También recuerdo armar coreografías con mis hermanas, con las canciones movidas y hasta haber tenido una etapa de “cantante”, que para suerte de la humanidad se quedó en esa edad corta, en la que solo alcancé a cantar en una misa. Otra de mis facetas con la música tiene mucho que ver con las películas que veía mi madre, Top Gun, el guardaespaldas, Rocky –todas-, y sin falta los clásicos de Elvis Presley, ABBA y Bee Gees.
Pero la música no solamente posee la capacidad de trasladarnos a los momentos que nuestra memoria quiere conservar, sino también posee facultades curativas que poco se conocen. Según la Fundación Beethoven, a través de una publicación realizada por el The journal of surgery Cardiothoraic, la música en general ayuda a la sanación corporal. Las melodías clásicas, por ejemplo, tienen el poder de relajar el cuerpo, tratar el insomnio, reducir el estrés e inclusive se la utiliza como un mecanismo para tratar las enfermedades de alzheimer y parkinson. Se emplea también a la música clásica, como un estimulante neuronal en las personas que se encuentran en estado de coma. Es común usarla para motivar al cerebro.
Dentro de este mismo estudio, se resalta el poder de la música para generar integración, esto se ha comprobado con estudios en personas que sufren de autismo y ha logrado reducir los niveles de aislamiento, generando mayor vinculación con su entorno.
Es curioso notar, que, si hablamos de integración, podemos considerar también a la música como una herramienta social que ha logrado la tolerancia y respeto de muchas diferencias que por motivos sociales se han marcado con el tiempo. Por ejemplo, Kany García, es una cantante puertorriqueña que hace muy poco dio a conocer que la persona de quien estaba enamorada era una mujer, y en esta semana lanzó una nueva canción que se titula “Bailemos un blues”, en la cual invita a dejar todos los estereotipos, a superar las marcadas diferencias, a amar y dejarse amar sin miedo. Por lo que es evidente, que la música funciona como un mecanismo para buscar la igualdad de una manera sutil pero que obtiene resultados positivos.
Por otro lado, tampoco hay que olvidar que los cambios sociales y movimientos revolucionarios usaron la música como firma propia para expresar su disidencia. Mercedes Sosa, Víctor Jara, Silvio Rodríguez, Ismael Serrano, y las canciones que revolucionaron mi adolescencia: Gimme the power, Clandestino, Latinoamérica y demás. Recuerdo que, en la época de campaña para la consulta popular, Alianza País en un brutal acto, transformó a la canción “Se viene”, de la banda argentina Bersuit Vergarabat, en un jingle para promocionar el NO. Ese día, me sentí ofendida y humillada. Quien me lee, sabrá que la música posee efectos positivos, pero al ser estropeada de esa forma puede generar traumas imborrables.
En el ámbito educativo es también una herramienta para generar conocimiento y desarrollar destrezas, esto puede ser reflejado desde la educación inicial, en donde las maestras, la emplean para enseñar a los pequeños el abecedario, números, higiene personal e inclusive otros idiomas.
Pero lo más importante, es el efecto que puede causar la música de manera personal. El giro positivo o negativo que le demos a nuestra vida en torno a ella, porque sabemos que sirve para muchas cosas relacionadas con nuestro día a día. Cambiar de estilos, arriesgarse a algo nuevo también forma parte de nuestra naturaleza humana. Porque hay momentos para bailar, reír, sufrir, y meditar.
He querido compartir este tema, ya que cada etapa de mi vida ha sido marcada con una canción, creo que es una forma interesante de representar las experiencias que para bien o para mal han llegado como aprendizaje. Ahora, celebro un año más de vida, esa vida que es una sola y como la canción de Ismael Serrano recita, hoy y aquí, celebro que: “Vine del Norte”(…).(O)

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