Como parte del disfrute de la vida, del deseo de compenetrarse de la realidad de otras regiones, de conocer las bellezas que existen -sin que nos cuenten terceros-, tan llenas de diversidad, de riqueza, es darse una escapada para recorrer nuestro país, visitar otras ciudades y contemplar la estupenda geografía que tenemos. Es ciertamente una aventura digna de emprender, más aún cuando se comparte en familia, pues permite intercambiar opiniones, regocijarse con los dones de la creación y en general divertirse sanamente. 

Nuestro viaje fue por tierra y el destino escogido fue la ciudad de Cuenca, llamada “Santa Ana de los cuatro Ríos”; y, por sus logros y manifestaciones culturales reconocidos por propios y extraños, la “Atenas del Ecuador”. Como diría Julio Cortázar “la cultura es el ejercicio profundo de la identidad”. Conozca primero el Ecuador ha sido siempre el slogan escogido por las distintas administraciones o autoridades de turismo que a su turno manejaron este sector. Es un mecanismo ideal para lograr identidad y apego a lo nuestro, a más de obtener recursos que produce esta importante industria.

Pudimos apreciar el apego, admiración y respeto de sus ciudadanos hacia su ciudad; ello se demuestra por la limpieza de sus calles, por el ningún maltrato a sus monumentos, por no aparecer ningún graffiti en su precioso tranvía. Estas conductas son fruto de la educación que habrán recibido los niños desde sus hogares y complementada en las escuelas. Se aprecia que sus autoridades generalmente son muy respetuosas de las tradiciones, de sus ciudadanos y de los valores intrínsecos que animan a esta ciudad. 

Su gente es muy amable con el visitante y muy orgullosa de su tierra; la verdadera nobleza está sintetizada en su gente, en sus ciudadanos, que sienten la vecindad como forma de contribuir a su crecimiento, conservando su hermoso centro histórico, sus iglesias, plazas, calles, en equilibrio y armonía con la historia. Su extensión y más de 600 mil habitantes la han convertido en una ciudad metropolitana. Está llena de visitantes nacionales y extranjeros, que gozan de su hospitalidad, atenciones espontáneas y exquisita gastronomía

Recorrer la ciudad en su moderno tranvía, y buses panorámicos, con amplia información de su historia, permite mirarla y conocerla con mayor amplitud, lo que hace que su contemplación sea completa y más atractiva aún. Todo el centro de Cuenca es un tesoro histórico y arquitectónico; su Catedral es una de las mejores del país, con claros estilos románico, gótico y renacentista; desde el mirador del Turi se divisa a la ciudad grandiosa e impecable. Una urbe sin igual, digna de ser imitada en las buenas costumbres de su gente, entre ellas, el amor y respeto hacia ella.

En nuestro andar, al cruzar por el Cañar, no podíamos dejar de visitar el complejo arqueológico INGAPIRCA, cuyo asentamiento cultural es INCA-CAÑARI. Nos agradó constatar muchos turistas extranjeros disfrutando de ese sitio, muy bien explicado por guías locales en inglés, francés e italiano. El lugar muy bien presentado y conservado lo que da una muy buena imagen del país. Fuimos al Parque Nacional Cajas, situado a 19 kilómetros de la ciudad de Cuenca: ciertamente sobrecogedor por su esplendor, flora y fauna. Muchos fieles visitan el santuario de la virgen. En el sitio denominado de las tres cruces, se llega hasta los 4.167 metros sobre el nivel del mar. Impresionante.

La ciudad no duerme, se siente su dinamia pues la gente recorre y disfruta de sus edificios y casas antiguas perfectamente iluminadas; goza de las delicias que ofrecen en los restaurantes, con sabor y estilo europeo, impecables y sobrios. Con todo esto, el resultado es comprometerse a volver y recomendar que muchos más la visiten. Vale la pena realizar turismo interno. (O)