La invasión rusa a Ucrania ha generado efectos globales impensables, que alcanzan a nuestra región y país. El incremento de precios de “commodities” es alarmante. Estos son bienes homogéneos entre muchas empresas que los producen, y se agrupan en cuatro categorías: metales como oro y plata; energía como petróleo crudo y gas natural; ganadería como ganado vacuno y porcino; y agricultura como maíz, trigo, cacao y café. El problema radica en la limitada oferta, mientras que la demanda se incrementa por la reactivación de la economía mundial, en la etapa post Covid. Las agencias internacionales hablan de amenaza de HAMBRUNA MUNDIAL para 2023.

Las restricciones que impuso la pandemia, redujeron la producción agrícola y ganadera. Se sumaron las complicaciones logísticas de transporte marítimo, especialmente, debido a escasez de contenedores por demoras en puertos por falta de personal. La invasión rusa paralizó la oferta de trigo de Ucrania y la de fertilizantes rusos. Los precios se dispararon, afectando directamente a productores ecuatorianos. Mientras los costos de producción de banano suben, los precios se han deprimido por la imposibilidad de exportar a los países en conflicto. El trigo sube sin control y eleva el costo del pan.

Como si esto fuera poco, el cambio climático está provocando importantes alteraciones en la producción de alimentos en nuestro país. La crudeza de la época invernal está arrasando con la infraestructura agrícola y de riego, sin que el sector público sea capaz de acudir en su auxilio. Las consecuencias pueden ser nefastas, pues la producción se reduce y los costos se incrementan, mientras que las materias primas y alimentos importados, se alejan de la capacidad de compra del pueblo ecuatoriano.

La situación es altamente preocupante y amerita la intervención urgente y efectiva del gobierno central y los gobiernos provinciales, que tienen la competencia de la productividad. Nuestro país tiene todas las condiciones para asegurar la “soberanía alimentaria” tan manoseada, para reducir la dependencia de las materias primas importadas y asegurar los alimentos básicos para la población. Cotopaxi puede encontrar la mejor oportunidad para emerger como una potencia renovada y adaptada al siglo XXI en producción agrícola y ganadera.

Se requiere unir la tecnología, financiamiento, infraestructura y mano de obra. La población rural de Cotopaxi tiene vocación para la agricultura. Las tierras que tienen agua para riego, son aptas para una explotación racional y eficiente. Mientras que las prácticas culturales son obsoletas y requieren ser actualizadas, lo cual se puede logra en un esfuerzo conjunto de la Academia con el Gobierno y la asistencia técnica de gobiernos extranjeros, fomentando la asociatividad, en busca de alta productividad, mayor producción y menores costos de producción.

Complementariamente, se deben acondicionar la infraestructura de riego, energía, vialidad, comunicaciones, mercadeo, comercialización, etc. para completar el círculo de eficiencia. Dadas las condiciones descritas, esto deja de ser una opción y se convierte en una necesidad impostergable, pues estaría en peligro la alimentación de toda la población ecuatoriana. Afortunadamente, nuestro hermoso país nos puede asegurar el alimento, siempre y cuando actuemos con oportunidad. Debemos demandar acciones concretas en esta dirección por parte de las autoridades nacionales y seccionales, que dedican la mayor parte de su tiempo a temas políticos de coyuntura.

La falta de atención al sector agrícola, especialmente desde que nos volvimos petroleros, ha llevado a un estado de incertidumbre y desobligo a los esforzados ecuatorianos que dedican su vida a labrar la tierra y criar animales. La fiebre de acuerdos de libre comercio puede agravar su situación, de no tomarse acciones efectivas para reactivar el agro, lo cual nos protegería de la amenaza mundial de hambruna.

¡COMBATAMOS LA AMENAZA! (O)