Las universidades que surgieron al principio por intereses oligárquicos  con el paso del tiempo se volvieron la anarquía de todo movimiento que busca derechos de igualdad y sobre todo del conocimiento. Se han vuelto hoy en día el estorbo de la credibilidad entre la academia, el gobierno y el alumnado.

Las universidades juntaban a maestros y alumnos (personajes que buscan desde cualquier parte estudiar y se iban de casa para ser aceptados) para poder juntar todos los conocimientos de todas partes, sin embargo, en algún punto de la historia surgían los rebeldes, a los  que no les parecía que solo unos cuantos tuvieran la oportunidad de estudiar. Tanto así, que por muchos siglos los clérigos y los monarcas eran los únicos acreedores al aprendizaje. Es ahí que como las religiones, las facultades empezaron a difundir sus propios intereses, y para hoy en día podemos ver las diferentes ideologías y ramificaciones de su enseñanza.

Ortega y Gasset ya señalaba que las instituciones están remarcadas por la cultura de su época, antes la ciudadanía no exigía profesionistas para los intereses sociales, después se marcó la investigación como lo hizo la Universidad de Chile, pero con el error de que no sabían identificar, pues no era lo mismo conocer la ciencia que hacer ciencia. Dando estos detalles, es aquí donde surge el ser investigador con el perfil de Doctorado o PHD, para ser alguien que enseñe e investigue de forma independiente; pero para nuestros días solo se han vuelto tediosos y egocéntricos indicadores de una academia superflua.

Ahora bien, los modelos académicos en nuestros días ya tienen un sinfín de intereses, y entre ellos están los políticos y los sobrevalorados índices de competencias que han puesto en ciertos puntos lo desleal de la academia y la pésima organización interna que se vive en esos ambientes, ya que dentro de nuestros indicadores encontramos que a un 90% de los que trabajan en una organización académica no le gusta el ambiente, mientras que otro 95% señala que al igual que el gobierno, surge mucho nepotismo e intereses que no dejan crecer.

The World University Rankings 2020, conocido como Times Higher Education (THE), señala que solo dos universidades están registradas de Ecuador (Escuela Superior Politécnica del Litoral y la ESPE). Esto nos da un indicador en nuestra investigación de la situación en la que se encuentran las instituciones, y lo curioso es ver que el erario público no se ve reflejado ni en la academia, ni en beneficios de la sociedad. Es por eso que el conflicto de ver qué está pasando conlleva a determinar que más del 78% de las universidades no está dando resultados en Ecuador y eso aunarles a muchas universidades técnicas e incluso a la gran Central, donde no está habiendo transparencia por parte de sus equipos administrativos.

La lista de las instituciones tendrá muchos indicadores, pero nunca remarcarán el tan apreciado uso de los fondos económicos. Las universidades dejaron de ser lo que eran antes y se volvieron semilleros de profesionales y carreras poco competitivas para la actualidad, al igual que un negocio ya no tan redituable. Si de algún modo las universidades públicas se sienten autónomas, deberán empezar a ejercer su propio recurso antes de que el gobierno empiece a desconfiar más de ellas o emprendan a hacer negocio mutuo.(O)