Es preciso seguir condenando los actos horrendos cometidos en contra del Ecuador. La capital de la República, nuevamente fue mancillada, atacada e insultada.  De manera abusiva e inconstitucional, en la madrugada del 11 de marzo último, una caterva de 99 asambleístas coludidos acaba de amnistiar “en combo” a delincuentes, agitadores de profesión, causantes de los terribles destrozos de todo tipo acaecidos en octubre de 2019. Ya no podíamos estar más en el fondo de la inmoralidad e indecencia política.

No bastaron los hechos, evidencias y motivaciones de los criminales actos de violencia extrema realizados en su contra. Nuestra capital, Patrimonio Cultural de la Humanidad, ha sido maltratada de manera aleve. No se alcanza a comprender que se trate de la misma manera a quienes participaron, haciendo uso del derecho a la protesta, con aquellos sujetos enfermos de odio, antisociales y agitadores de profesión, que provocaron semejante terror en una ciudadanía que no alcanzaba a entender esta condenable actitud.

Han sido beneficiarios de la amnistía, incluso ciertos dirigentes indígenas que no se sienten parte de la sociedad ecuatoriana; tampoco comulgan con el sistema democrático y peor sujetarse a la justicia ordinaria. Pero eso sí, demandan “derechos”, aquellos que consagra la constitución del 2008 -inspirada en los postulados del socialismo del siglo XXI-, pero obviamente sin comprometerse a cumplir deberes. 

Con el retiro de grilletes a ciertos personajes -luchadores sociales se hacen llamar-, ubicados en la nómina de los innombrables, terminó por configurarse el hecho más reprochable y vergonzoso de los que nos tiene acostumbrados la asamblea nacional: de aquellos que la conciencia ciudadana no olvidará. Que pobreza en valores, en capacidad intelectual, responsabilidad y ética pública, exhibió con la malhadada amnistía. 

La impunidad es el acicate para nuevos hechos delictivos y manifestaciones politiqueras, con la participación de delincuentes y agitadores profesionales, pues saben de antemano que no serán procesados ni sancionados. Así, los jueces irresponsables y vendidos dejan libres a criminales y asaltantes, la asamblea en cambio -con mayor torpeza e indignidad-, perdonan en “combo” a aquellos que han causado terror en la ciudadanía, provocando destrozos a bienes públicos y más actos reñidos con la ley. 

Han generado una perversa patente de corso para esta gente antisocial y energúmena, que solamente vive y disfruta de la bronca, capitaneados por supuestos líderes mesiánicos, trasnochados y melancólicos. A todo esto, se suma que el día que clasificó nuestra selección de fútbol al mundial de Catar, los mismos caraduras archivaron el proyecto de ley para garantía de inversiones que permitía al país abrir el camino para que consigan trabajo 7 de 10 ecuatorianos que no lo tienen. Ya no lo hicieron con otros proyectos, como el de repetición, que apuntaba a recuperar lo robado.

Hemos tocado fondo como sociedad, esa es la cruel realidad ¿Qué hacer frente a una situación así? Pues utilizar los arbitrios constitucionales y legales que permitan restituir el Estado de Derecho, que fue eliminado torpemente en Montecristi, cuyas consecuencias están a la vista de una sociedad que no termina de asimilar semejante desastre. La mayoría de la ciudadanía, consciente de sus deberes y que se conduele por la suerte del país, no les perdonará jamás.