Corría el 2008 y se discutía la aprobación del texto constitucional propuesto por la Asamblea Constituyente de Montecristi con el apoyo de una gran cantidad de partidos y movimientos políticos que “subidos en la camioneta” de la popularidad del ex Presidente Correa, querían evidenciar que la Carta Magna de entonces sería la solución a los grandes problemas nacionales y “duraría 300 años”, cuando un prominente dirigente de la izquierda en Cotopaxi en medio de un debate me dijo que soy un “hijo de la oligarquía” por oponerme a esta propuesta y creer –lo sigo haciendo- que la Constitución del 98 era mejor que el nuevo intento constitucional.

            Y es que luego de enterarme que ya no era hijo de Fabián y Leonny, sino de una tal “oligarquía” a la que ni conocía, con esa expresión me ratificó algo que hoy más que nunca he comprobado, que la “izquierda” se ha auto-adjudicado para sí el rol de “progresista” y ha dejado a la “derecha” el papel de conservadora, desde luego suena bien en el discurso pero ¿qué tan cierto es ello?

            Para responder esa pregunta quiero consultarle ¿qué es ser progres? Seguramente le vendrá a su mente estar a favor del matrimonio y la adopción gay, la legalización de la marihuana con fines medicinales, reivindicar las causas feministas del aborto en todos los casos, la gratuidad de toallas higiénicas para los ciclos menstruales femeninos, plantear la redistribución de la riqueza, estar de acuerdo con y entender que los animales son sujetos de derecho ¡está en lo correcto! Pero, por creer en ello ¿Usted es una persona de izquierda?

            Si su respuesta fue no o no sé, no tiene por qué sentirse mal, la izquierda no es dueña de las luchas progresistas, como no es propietaria tampoco de la música protesta, del arte reaccionario o de cualquier manifestación cultural que exija reformas, pero la derecha tampoco lo es, toda generalización es mala, se puede ser “izquierdista conservador” y claro “derechoso progres”, le pondré un ejemplo reciente.

            En Perú acaba de ganar las elecciones (al menos en el conteo oficial) el maestro rural Pedro Castillo, encabezando un proyecto de estatización de los sectores productivos, mayor control de parte del Estado, más impuestos y prometiendo terminar con los tratados de libre comercio porque son “desventajosos” para el Perú, un hombre de “izquierda tradicional” pero que se opone al matrimonio gay, a la legalización de la marihuana y al aborto, el Presidente Castillo es por ende un “izquierdista conservador”.

            Propongo esta reflexión porque no me parece justo que se adjetive a alguien como bueno o malo por ser de izquierda o de derecha, ni que tampoco se lo satanice por ser progresista o no, tan respetable es una opinión ajena cuando ésta se emite con argumentos y eleva el nivel de debate, como aquella que nosotros mismos emitimos, tan respetable es un hombre de izquierda que es conservador y no cree en el aborto, como personas que como yo somos “progres de derecha”.

            Le termino contando la experiencia de aquel “debate” constituyente, luego de que ese líder me dijo “hijo de la oligarquía” mi respuesta fue “me lo dice quien hoy viste una camisa Tommy Hilfiger del imperio, vino a este debate en una Chevrolet doble cabina de la General Motors del Imperio y quien se acaba de ir de vacaciones a Miami en el imperio”, el periodista en ese momento tuvo que impedir que aquel caballero de la política cotopaxense me agreda, repito, ninguna generalización es buena, está comprobado. (O)