Indira es terapeuta alternativa y estaba convencida en la efectividad de la medicina natural. De los tantos libros que había leído, varios mencionaban los efectos negativos de las vacunas en la salud. Fue justamente por ello, que se negó rotundamente a vacunarse contra el COVID, creía que sus rigurosos cuidados serían suficientes para no contagiarse. A pesar de ello, se enfermó y esto significó vivir un infierno por semanas cuando estuvo hospitalizada. La enfermedad empezó con fiebre y presión alta, con el paso de los días tuvieron que conectarla al oxígeno y estar por más de 17 horas boca abajo. A sus 49 años, pensó que todo había llegado a su fin… Por fortuna, después de varios días hospitalizada, pudo recuperarse y continuar con su vida, esta vez, con una mirada diferente de lo que significan las vacunas. Además de haber vivido en carne propia los efectos de la enfermedad, también había sido testigo en su familia de la enorme diferencia de vacunarse y no. Su madre de 71 años, que sí se vacunó, superó el COVID; mientras que su tío de 65 años, que nunca quiso vacunarse, falleció por la misma enfermedad. 

Raúl, siempre se jactó de tener una vida sana: hacía deporte con frecuencia y su dieta era principalmente a base de frutas y verduras. A sus 45 años, tenía un estado físico envidiable, aparentaba 10 años menos de los que tenía, en son en broma y en serio decía tener una salud de hierro… Cuando llegó a vacunación, él pensó ¿por qué hacerlo? Creía que el tiempo de desarrollo de la vacuna había sido tan corto, que seguro tendría efectos secundarios. Sobraban las historias de personas que se habían enfermado o incluso muerto a causa de la vacuna. Estaba convencido que, si se contagiaba con COVID, su cuerpo resistiría y sería como una simple gripe… Cierto, día fue incapaz de sentir el sabor y aroma de sus saludables alimentos, y esto fue alerta de que se había contagiado por COVID. No se preocupó, pensó que su sistema inmunológico era lo suficientemente fuerte para superar la enfermedad. Pasaron los días y tuvo que ser hospitalizado de urgencia. Lleva varias semanas en terapia intensiva y su situación aún es incierta.

Erika, era escéptica sobre las vacunas; pensaba incluso que el COVID no era una enfermedad real y que todo lo relacionado a la pandemia era parte de un complot del gobierno para manipular a la gente. No tenía la necesidad de usar alcohol gel, mascarilla y mucho menos vacunarse; algo que, sin duda, en cuestión de meses, tuvo devastadoras consecuencias. Llegó al hospital pensando que tenía asma; tosía, no podía respirar y a los pocos días la ingresaron en terapia intensiva. Murió a los 37 años por COVID.

Estas y muchas historias se repiten a diario en todo el mundo, personas que por a o b razones desistieron de vacunarse y que lamentablemente tuvieron que afrontar el COVID de la peor manera. Más de 5 millones de personas han muerto por esta enfermedad y muchas otras han tenido que afrontar sus consecuencias severas a corto y largo plazo. Si bien, las vacunas no garantizan el 100% de protección, evidentemente reducen el riesgo de enfermarnos o incluso morir, tal cual, como un cinturón de seguridad. Después de tantos meses de pandemia, confinamiento, medidas rigurosas y de ver a conocidos y familiares que vivieron en carne propia un infierno al contagiarse por COVID, las vacunas resultan una luz esperanzadora para retomar la normalidad y VIVIR.  Entonces ¿Qué más es necesario para convencernos por la vacuna?