El 11 de noviembre de 1820 constituye un hito de la historia de Latacunga en su lucha por alcanzar la independencia política; varios acontecimientos, unos exitosos y otros fallidos, fueron el antecedente de un largo tiempo de esfuerzos por conseguir la anhelada libertad.

Las dos primeras décadas del siglo XIX estuvieron caracterizadas por una suma de rebeliones en contra del poder abusivo de los representantes de la corona española.  Fueron tiempos agitados en toda la región. Al amparo de las ideas de la Ilustración los patriotas acumularon fuerzas devenidas en confrontaciones bélicas, despojaron del poder a los gobernantes ibéricos y rompieron las cadenas de un colonialismo que saqueó las riquezas de los pueblos de Abya Yala, torturó, desterró y/o asesinó a sus habitantes originarios y a sus líderes.

Los sueños de independencia de militares y aristócratas criollos, desencantados con los Borbones y excusados en las invasiones de los Bonaparte a la península, crearon el escenario propicio para concretar proezas nacionalistas y antiespañolas. Latacunga era en ese entonces una pequeña y recoleta ciudad andina, dominada por una élite de terratenientes, muchos de ellos con títulos nobiliarios (condes, marqueses), que al ver como día a día se afectaban sus intereses comerciales con onerosos impuestos y trabas burocráticas,  se convirtieron en los líderes de los levantamientos contra la autoridad española, para comenzar un nuevo rumbo por su cuenta.

Fernando Sáenz de Viteri, Felipe Barba, Lizardo Ruiz, Calixto González del Pino, Antonio Tapia, Francisco Salazar, José María Alvear, Josefa Calixto, María Rosa Vela de Páez, Miguel Baca, Francisco Flor, Vicente Viteri Lomas, Luis Pérez de Anda, Mariano Jácome, entre otros son nombres que año tras año se mencionan cuando de resaltar la gesta novembrina se trata, sin embargo, todo queda en romántica retórica, en no pocos casos vacía de contenido y con altas dosis de desconocimiento del contexto histórico.

¿Cuánto sabemos de estos próceres?, ¿cómo alcanzaron la madurez ideológica para poner en riesgo su vida al luchar contra el poder constituído?, ¿primaron motivaciones económicas de una burguesía ansiosa de alcanzar el poder que estaba reservado para un selecto y privilegiado grupo de españoles, o sus acciones buscaban una verdadera ruptura que elimine las injusticias?, ¿la liberación del yugo ibérico se transformó en un nuevo sometimiento, ahora para élites criollas que mantuvieron intactos los privilegios de pocos en detrimento de muchos?, ¿ el poder político manipulador de los jerarcas de la iglesia católica se mantuvo incólume, cambiando únicamente de administradores?. Buscar las respuestas a interrogantes como estas y muchas más, probablemente arrojarían luz que permitan contar historias de libertad que van más allá de vencedores y vencidos, de arrojados guerreros que libraron épicas batallas.

Las historias de libertad por contar aún deben escribirse con el rigor del análisis crítico de las circunstancias históricas que se vivieron. Es rescatable, admirable e inspirador que del proceso de independencia se cuente con documentos políticos, militares y jurídicos que se constituyan en el fundamento de la voluntad por alcanzar la independencia, delineando los argumentos de libertad y asumiendo la responsabilidad de construir una Patria que trace los derroteros de su propio destino. Pero nos hace falta incursionar en aquellos aspectos socio culturales de una rica bio diversidad, que ubique al ser humano en su relación con el territorio que ocupa, para empezar a entender la cosmovisión andina que no es privativa de los pueblos originarios, sino que se ha modificado y hasta enriquecido con los saberes de otros.

Las historias de libertad no deben ser contadas como aquello que pasó, donde encontramos  héroes y villanos, idealizando los acontecimientos; las historias de libertad deben constituirse en un legado, que sirva como punto de partida para conquistar las libertades que nos faltan.

Sentipensar la libertad es hablar de valores superiores en permanente construcción (patriotismo, justicia, equidad, derechos, deberes, …). Sentipensar la libertad es fraguar nuestra impronta de identidad con el trabajo diario que siente bases sólidas de una Patria en siernes. Sentipensar la libertad es hacer que nuestros himnos, banderas y escudos se constituyan en los símbolos de unidad en la diversidad.

En fin, las historias de libertad de ayer y de hoy debemos contarlas y vivenciarlas todos, en una gran minga,  que posicione en nuestro corazón y en nuestra mente el compromiso colectivo de aportar cada uno con nuestro granito de arena para ver a nuestra tierra convertida en un lugar próspero y acogedor. Recibamos el legado patriótico de las gestas libertarias y apostemos por Latacunga, por el Ecuador.