Está muy de moda el término y en el mes de marzo se repite constantemente y con más fuerza. Si bien es cierto el principio de igualdad y de no discriminación por razones de sexo es un derecho fundamental, largos años le ha costado a la mujer que se haga realidad.
Se puede decir que falta mucho por hacer, que los logros alcanzados son enormes y que se han superado barreras que pocos años atrás eran infranqueables; sin embargo la mujer sigue viviendo discriminación e injusticia; esto lo decimos por las escalofriantes cifras que se analizan cada año con relación al abuso sexual y al feminicidio, y nuestro medio no es la excepción, más aún en los sectores rurales y marginales.
Si bien es cierto las políticas públicas deben estar encaminadas a buscar esta igualdad, también es cierto que por ningún concepto se puede desvirtuar la esencia de lo femenino, que implica esa capacidad de poner el corazón y su trabajo en lo que ama y cree.
La capacidad de dar vida, engendra en sí una diferencia sustancial y sublime, la maternidad no es una vocación para todas; pero marca una diferencia real que debe ser valorada y protegida en todo ámbito.
Es una aspiración que termine de una vez por todas la discriminación y la violencia contra la mujer. Creemos firmemente que la educación es un pilar fundamental para este objetivo. Que no quede ninguna mujer sin cumplir sus sueños, pues mientras más se forme, más ayudará a su familia, a la sociedad y al mundo.(O)

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