Escribo estas líneas en el décimo tercer día del Paro Nacional convocado por la CONAIE y me encantaría decir que es el último, pero aquella afirmación es incierta, este martes el Gobierno Nacional decidió levantarse de la mesa de diálogo por la masacre que cobró la vida del Sargento José Chimarro Quishpe, gloriosa boina roja de nuestra Brigada de Fuerzas Especiales Patria, mártir de la paz y la libertad, cayambeño de nacimiento y residente en Aláquez, que deja en la orfandad a 2 hijos y en la viudez a doña Carmen Heredia Guanoluisa, a ellos mi condolencia y abrazo, el Sargento Chimarro era pueblo y “los defensores del pueblo” lo mataron.

            Y es ahí en donde se va quedando sin sustento el discurso de defensa popular de los manifestantes, la muerte del Sargento Chimarro y las heridas provocadas a compañeros de armas en ese nefasto día se produjo mientras custodiaban un convoy que trasladaba combustible en la ciudad de Shushufindi, sí, ese combustible por el que este domingo en nuestra tierra hubieron grandes colas y se agotó de inmediato, ese combustible que usan los agricultores y ganaderos para sacar sus productos, ese que los transportistas necesitan para trabajar, ese que las madres con niños con cáncer requieren para llevarlos a sus quimioterapias, ese mismo combustible es el que el Sargento Chimarro custodiaba y le costó la vida.

            Pero el “desgrane del choclito” no se queda ahí, los propios indígenas ya se están oponiendo a la Movilización Nacional ¿Y cómo no hacerlo? ¿Quién produce maíz, papas, zanahorias, chochos o habas por ejemplo? ¿Quién tiene vaquitas para su diario sustento y borreguitos, cuyes y gallinitas para la venta? Aquellos hermanos indígenas que han tenido que botar la leche, dejar de vender sus productos, permitir que sus animales mueran por no tener cómo alimentarlos y que se pudran los huevos de las gallinas porque sus “líderes” (que adoran irse a Estados Unidos y la Unión Europea con plata de la cooperación internacional) han cerrado las vías de acceso a las principales ciudades.

            Muestra de ese desgrane fueron las declaraciones del Gerente General de la Cooperativa Mushuc Runa, Don Luis Alfonso Chango, abogado de profesión y emprendedor de vocación, a quien admiro y al que dediqué ya un editorial hace tiempo, él dijo más o menos lo siguiente “Cuando vinieron a decirme que cierre la cooperativa, les pedí que me indiquen un solo proyecto de ley que hayan presentado a favor de las comunidades”, hasta donde sé “la Mushuc” no ha cerrado, por ende hasta ahora el “chulla proyecto” que les pidió no lo pudieron presentar, ven, protestan por protestar, sin propuesta, sin gestión, sin ideas y eso no es democrático.

            Quisieron botar al Presidente de la República y no tuvieron los votos, pero para conseguirlos empezaron a amenazar a legisladores en sus hogares y negocios, los audios están en las redes sociales y la Fiscalía inició las investigaciones ¿y a quién amenazaron? A los propios Asambleístas de Pachakutik, evidenciando que las luchas comunes se quedaron en el pasado, que los grandes levantamientos conceptuales como el del 90 ya no están en la agenda, que el afán es captar el poder a la fuerza ya que con los votos no lo logran, ponen como carne de cañón a niños, mujeres y ancianos y permiten que la violencia escale y se destruyan ciudades

¿Qué habrían dicho Tránsito Amaguaña o Dolores Cacuango si se hubieran enterado de que quienes impiden la venta de productos a los pobres son los que dicen defenderlos? ¿Qué habrían dicho mama Tránsito y mama Dolores si supieran que los suyos se enfrentan entre ellos mientras sus caciques acumulan millas de viajero frecuente? (O)