Ya son algunas semanas de un controversial video donde dos jóvenes extranjeras radicadas en nuestros país daban su percepción sobre cómo supuestamente somos los ecuatorianos. Sin el afán de volver a levantar el polvo de aquel resentimiento y odio que movieron a cientos de personas a publicar más videos, comentarios y demás acciones de rechazo, quisiera presentar mi punto de vista.
Nos ofendimos que nos llamaran indios cuando el término no es del todo apropiado, además que la historia y un legado genético evidencian claramente que somos descendientes de indígenas.
Nos dolió que nos dijeran feos, sin contar que la percepción de belleza es algo sumamente subjetivo y mucho depende de la cultura y gusto de cada quien. Y aunque no lo crean esos mismos rasgos indígenas que nos hicieron sentir ofendidos, en otros países son considerados hermosos.
Pusimos el grito al cielo, diciendo que estos visitantes nos quitaban las oportunidades para trabajar, sin considerar que lamentablemente la actitud de los ecuatorianos en temas de amabilidad y servicio al cliente deja mucho que desear. Y que muchas de las veces esa falta de oportunidades ha sido por nuestra actitud.
Gritamos con odio y resentimiento que regresen a sus países, sin considerar que hay cientos de ecuatorianos regados por el mundo buscando oportunidades, luchando por cumplir sus sueños y que posiblemente reciben la misma actitud de rechazo.
A mi parecer aquel video fue la más amarga demostración de lo intolerantes y sensibles que somos como parte de un círculo vicioso llamado discriminación. Nos ofendimos tanto, a pesar de que esas mismas acciones de desprecio y burla las practicamos con los mismos ecuatorianos de otra región, nivel social, orientación sexual, religión o edad.
Todos alguna vez hemos sido causantes o víctimas de discriminación. Mal hacemos en victimizarnos y sentirnos ofendidos cuando nosotros también hemos juzgado a las personas por romper el molde de lo que nuestra sociedad nos enseñó que es ‘normal’.
Es difícil decir que de un momento a otro cambiemos. Hablamos hasta el cansancio de los lazos de amistad y de lo genial que sería que todos nos tratáramos como hermanos. Sin embargo todo cambio no se concreta con solo desearlo. Más allá de la intención es necesario poner empeño, ser el ejemplo y dejar de juzgar por lo que vemos en lugar de lo que conocemos.(O)

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