El presidente Lasso causó desconcierto en el sector ganadero del país al referirse a las intenciones de logar un acuerdo comercial con Uruguay, para venderles banano y comprarles “carne y productos lácteos”. Esperamos que se trate de un lapsus, que debe ser aclarado. Es equivocado para un presidente gestionar la compra de productos, siendo lo lógico vender productos del país. ¿Dónde está el ministro de Agricultura?
Con este motivo, es pertinente revisar el problema del sector lechero en Cotopaxi. Más aun, cuando se está tramitando un proyecto de ley que pretende fijar los precios y resolver los problemas que aquejan al sector. Empecemos resaltando la falta de organización de los productores, pues si bien existen algunas asociaciones, estas no representan a la mayoría de actores. Corresponde al Gobierno Provincial liderar la conformación de gremios de primero y segundo grado, con acompañamiento para capacitación, organización y legalización.
El segundo paso es convocar a la Academia para que aporte con conocimiento, buscar asistencia técnica de organizaciones dentro y fuera del país por medio de representaciones diplomáticas de países que han desarrollado la tecnología en esta materia y que pueden cooperar. El aporte técnico de los profesionales que trabajan en este campo, debería sumarse para iniciar un trabajo “técnico” para determinar las raíces de los problemas, establecer un diagnóstico y aterrizar en alternativas de solución, viables, sostenibles y sustentables. No políticas ni demagógicas.
La producción lechera es ancestral, y representa el “goteo” de recursos que mal o bien alimentan la caja familiar durante todo el año, día a día. Lamentablemente, las prácticas agrícolas se realizan sin herramientas adecuadas, semillas mejoradas, fertilizantes, plaguicidas, mejoramiento de suelos, riego adecuado, es decir se mantienen prácticas elementales que dan como resultado un bajo rendimiento de pastos para alimentación del ganado. Por otro lado, los animales que se crían no son de razas de alto rendimiento, sino razas criollas cuya capacidad promedia en la provincia por debajo de 5 litros por vaca por día, cuando debería elevarse por sobre 12 litros.
La sanidad animal es prácticamente inexistente. Escasas son las vacunas y los medicamentos para atender las enfermedades, que son muchas. La reproducción es otro frente que deja mucho que desear, por mala alimentación, falta de toros reproductores o inseminación artificial con animales probados que mejoren la genética y eleven la capacidad productiva. Además de una alimentación con buenos pastos, se debe disponer de suplementos minerales, melaza, vitaminas, energía complementaria como morochillo, todo lo cual es inexistente por sus elevados costos y desconocimiento.
Complementariamente, debe implementarse un buen manejo a la hora de ordeñar, con equipos en buenas condiciones, desinfectando las ubres, sellándolas al finalizar el ordeño. La leche debe manejarse con cuidado y debe ser idealmente almacenada en tanques refrigerados hasta ser entregada al comprador. Todo esto reviste procesos que deben estar claramente establecidos, que naturalmente tiene un costo. Como cualquier operación productiva, los costos FIJOS son determinantes a la hora de establecer si se generan utilidades o pérdidas. Una operación con escasos animales, será mucho más costosa que si se manejaran un número mayor. De ahí la necesidad de promover la asociatividad y lograr unidades de producción de mayor tamaño.
Este breve resumen del problema del sector, permite visualizar la complejidad que está detrás de la funda de leche que llega a la mesa de los hogares. Sin embargo, el productor debe luchar desde las primeras horas de la madrugada hasta caída la noche, de lunes a domingo, sin descanso y sobrevivir con un precio que oficialmente es $0,42 por litro, cuando tiene quien le compre. Esta situación es insostenible.

¡RESPETEMOS AL GANADERO! (O)