Atrás quedaron los tiempos en que el grande se comía al pequeño, en el mundo de los negocios globales. En el mundo actual, el rápido se come al lento, sin importar su tamaño. Estamos presenciando un cambio brusco de las reglas de juego, donde la innovación y el emprendimiento son las herramientas que potencian a los actores económicos de todo tamaño. Se estima que hasta el año 2030, que está a la vuelta de la esquina, el 60% de las empresas globales habrán cambiado a otro esquema de negocio o habrán desaparecido. En la era de la informática, que marca la cuarta revolución industrial, están emergiendo muchas nuevas formas de negocios, especialmente de la mano de la tecnología, para brindar servicios, más que bienes, como ha decidido la China.
La revolución alcanza a la fuente de energía, que reducirá la demanda de hidrocarburos para favorecer el uso de energía limpia, renovable y amigable con el ambiente. Con lo cual irán desapareciendo rápidamente los vehículos convencionales y vendrá la crisis del petróleo que llegará, más temprano que tarde, a nuestro país petrolero. Por esta razón, el gobierno central busca desesperadamente acelerar el ritmo de explotación del oro negro, aprovechando los altos precios y reservas que permitirían elevar hasta en 40% su extracción. Caso contrario, podríamos quedarnos con reservas que no justifiquen ser explotadas.
Frente a este panorama, es necesario replantear las formas de subsistencia de los países, en la carrera por ganar espacios para un crecimiento sostenido. Entendiendo los cambios que vienen sin tregua, debemos descubrir nuestras verdaderas potencialidades como país. Empezaríamos por los recursos naturales y culturales, la ubicación geográfica, la diversidad climática, la biodiversidad, la localización estratégica en el Pacífico central, las corrientes marinas, entre muchos otros. La siguiente pregunta sería, determinar la forma de explotar estas ventajas comparativas, respetando el ambiente y generando calidad de vida para todos.
La respuesta la tendrán mayoritariamente los jóvenes, no solamente por su edad, sino por su espíritu rebelde, capacidad de aprendizaje, decisión de superación, fe en sí mismos y en su entorno, así como capacidad de innovar y emprender. Cotopaxi tiene todos estos elementos que se requieren para tener éxito en este mundo que se reinventa cada día. Se necesita poner las ideas en orden y alinear la energía de todos los actores en la misma dirección: innovar y emprender.
Innovar es hacer las cosas que se han venido haciendo, dándole un agregado de valor para acercarnos a la expectativa del exigente consumidor, que aprecia las cosas que tienen un contenido intrínseco, que puede ser natural o cultural. Emprender es iniciar un camino desde una idea, que usualmente se confunde con un sueño, pero que con esfuerzo y tenacidad puede convertirse en una realidad, en corto o mediano plazo. En ambas situaciones se requiere CONSTANCIA, que nace de la seguridad de creer en uno mismo, alentada por el apoyo de quienes le rodean.
Este sueño ha dado sus primeros pasos desde Salcedo, por iniciativa de la Cooperativa de Crédito VisAndes, con el apoyo de Visión Andes de Suiza y la ESPEL, quienes han congregado a más de 130 soñadores para aterrizar sus ideas con su ayuda y estímulo. La participación va más allá de un concurso para elegir un ganador. Es un reto individual de quienes tiene madera de triunfadores, que descubrirán si son capaces de transitar el camino hacia el éxito. Una emocionante experiencia que nos dejó un mensaje claro sobre el potencial humano que tiene nuestra provincia, lo que nos hace soñar en emprender el camino de convertir a Cotopaxi en emporio de innovadores y emprendedores. ¡ADELANTE CAMPEONES!(O)

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