Hoy en día, estar informados con los sucesos diarios que muestra la prensa, es equivalente a alarmarse con el contenido de lo que se lee, se escucha o se ve. Pero nos sorprendemos mucho más, cuando son actos violentos que involucran a niñas y niños.
Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), en el informe denominado “Ocultos a plena luz”, se advierte que existen varias formas de violencia perpetrada a niñas y niños, de acuerdo a múltiples factores. Es así que los modos de violencia física, sexual y psicológica varían de acuerdo al territorio, también sobre quienes se encargan de su cuidado, el nivel de vida que poseen, los criterios de corrección que se emplean para su educación y demás.
Sobre la violencia sexual, las niñas son las más afectadas, existiendo unos 120 millones que han sido víctimas de agresiones sexuales de toda índole, y sobre los niños penosamente no existe una cifra exacta de víctimas que permita conocer una estadística real, pero latente a todas luces.
Un día mientras compartía la mesa con mis hermanos, el menor preguntó: ¿Qué es sexo? Hábilmente uno de ellos dijo que esa pregunta la debía responder la hermana mayor – título que lo vengo representando por algunos años -, así que de manera altiva y segura le supe responder que era lo que teníamos escrito en nuestra cédula si eres hombre o mujer. Sin imaginarlo, su astucia lanzó un misil a mi confiado discurso. ¡No ñaña, yo hablo del otro sexo! A mi mente vinieron mil formas de aclararle sus dudas, pero honestamente jamás pensé en decirle la verdad.
Lo místico que envuelve a la sexualidad no es un tema ajeno en nuestra sociedad latacungueña y en especial latinoamericana, porque durante muchos años esto ha permanecido como un tema vetado tanto en el ámbito familiar y escolar. Especialmente en este último, en razón de que hace veinte años cuando iba a la escuela-, era inimaginable que se pueda hablar sobre educación sexual.
Esto ha ido cambiando con el tiempo, generando más capacitación para los profesionales que trabajan en áreas educativas, e insertando dentro de los establecimientos de enseñanza, una formación basada también en el conocimiento y respeto de la integridad de cada alumno. No obstante, tras las denuncias que se han dado en los últimos años, lejos de ver un sistema que ha precautelado el bienestar de la niñez de nuestro país, con indignación se debe reconocer que, en muchos de los casos, los padres no sabían que sus hijos estaban en las manos de seres humanos perversos.
¿Qué hace el Estado y qué debe hacer frente a esto? Las autoridades deben asumir responsabilidades que han eludido y reorganizar el sistema educativo en el país, no solo por los constantes abusos sexuales que se han denunciado, sino también porque los mecanismos de enseñanza no coordinan con los fines de protección y pedagogía que merecen las y los niños ecuatorianos. Los estándares merecen ser elevados y asumir ejemplos de enseñanza internacional.
Gran parte de los problemas sociales, se derivan de la falta de conocimiento respecto de cómo se deben manejar varios temas, en este caso la educación dentro de nuestros hogares es importante. Si bien es cierto varias familias no poseen la apertura para hablar con sus hijas e hijos sobre sexualidad, pero se debería dar un paso adelante superando este tipo de conductas pensando en las consecuencias de evadir o callar ante un tema de difícil comprensión, pero necesario.
Otro de los graves factores que empañan a esta realidad que el Estado no ha podido controlar, es el espíritu de cuerpo que se convierte en una coraza dentro del sistema educativo. Maestros que no ven nada, padres que confían en los profesionales de la educación y no se atreven a cuestionar a las autoridades de los planteles educativos, y niños que por temor callan. Un claro ejemplo de esto fue el caso denominado el “Principito” en la ciudad capital, en el que los hechos se dieron en el colegio “La Condamine” y la primera dama de ese entonces, Anne Mlaherbe, se presentó en una de las diligencias demostrando apoyo al acusado.
En ese contexto, es difícil avanzar con este círculo de violencia que afecta a nuestra sociedad actual. No se desconoce que hemos evolucionado respecto de la educación de los más pequeños, pero los libros no son todo. Una de las más grandes enseñanzas es en humanidad, respeto mutuo y responsabilidad con la sociedad. Las y los niños son seres vulnerables que no tiene voz frente a un adulto que difícilmente considera esta vulnerabilidad como un factor que le obliga a proteger, mas no a abusar. Pero esto no lo es todo. ¿Qué hay de aquellos niños o niñas que abusan de sus compañeros, amigos, vecinos? ¿Qué hay de aquellas palabras crueles propias en la niñez pero que marcan una historia? ¿Qué diría hoy Brittany si no hubiese muerto a golpes?(O)

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

siete + ocho =