La vocación por el servicio y el amor al prójimo son lo que motiva a italianos de la Operación Mato Grosso, a apoyar a los más necesitados. Danesi Enrica, llegó al país hace 16 años y aspira quedarse seis años más a ella le acompaña Simone Scudellari, tiene 22 años.

En Italia la juventud después de su trabajo habitual en los tiempos libres se dedica a diferentes oficios ya sea pintando casas, cortando leña, recogiendo hierro o chatarra para tener un sueldo, el mismo que serviría para los más pobres cuyos nombres desconocen y son oriundos del Ecuador.

Enrica en un cierto tiempo quiso venir al país y conocer donde estaba destinado su dinero. Cuando arribó por primera a Zumbahua provincia de Cotopaxi, su permanencia fue de seis meses y volvió a su país. Pero su vocación por el servicio y el amor al prójimo eran más, y no dudó en dejar su profesión como profesora y decidió venir al Ecuador por dos años más.

“Me encariñé de los niños y siempre decía dos años más y después pensaré en mi vida”; pero desde el año 2002 hasta la actualidad ya suman 16 años. Poco después se trasladó a la parroquia de Angamarca dijo que es una situación un poco fuerte tras toparse con el nivel de pobreza que existe en Guambaine, Churolozán, Chine, entre otros lugares.

La señora de 50 años con otros “asistentes” enseña a las niñas de bajos recursos económicos y de comunidades lejanas costura, bordado entre otras actividades más incluso comparte su idioma, la intención es que no exista la migración y puedan tener un ingreso económico a posterior.

La población del sector ha aceptado a estos extranjeros ya que a decir de Enrica “a veces es difícil no siempre aceptan que un extranjero”. Danesi pertenece a la Operación Mato Grosso, es una organización no gubernamental de varios voluntarios enfocados en implementar proyectos de ayuda social. Están en Bolivia, Brasil, Perú y Ecuador.

A Cotopaxi cada año llegan a la provincia cerca de 8 a 10 personas a conocer su primera experiencia.

“Necesitan una preparación porque a veces van a las comunidades se duermen y conocen la realidad en territorio”, en su caso dice que le cambió la vida y es algo por lo que siempre trabajará y piensa quedarse cerca de seis años.

Simone Scudellari, tiene 22 años, labora como voluntario en el área de servicio para los talleres, “me vino el deseo que conocer la misión”, esto le motivó dejar sus actividades y venir a apoyar con ayuda social. “Estoy aquí para regalar un poco de mi tiempo y donar parte de vida por dos años”.

Cuando llegó se impresionó de la vida “dura” de los agricultores porque viven de lo que siembran y casi nadie con un trabajo. “Gente que trabaja desde la mañana hasta el atardecer para sobrevivir”. Finalizó. (I)

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