Luego de once largos días de protestas en todo el país, de que la capital de la república fue el blanco de incendios como la Contraloría, Casa de la Cultura, medios de comunicación como Teleamazonas, saqueos en locales comerciales, daños en el metro que no se ha estrenado aún, casas, calles, parques como El Ejido y otros más, los capitalinos decidieron dar una mano a la Carita de Dios para que vuelva a mejorar en algo su aspecto.
Empezó todo con una marcha por LA PAZ desde el Arco de la Circasiana en El Ejido, además se realizó una misa en La Catedral al medio día.
Con camisetas blancas, escobas, recogedores, fundas para la basura estaban listos para una minga que dejó una huella de solidaridad con nuestra capital. Los daños son cuantiosos, no se sabe a cuánto asciende el monto total.
Esta minga patriótica se dio gracias al aporte de la empresa privada que donó mas de 10 000 litros de pintura, rodillos y materiales.
La tecnología ayudó a que los jóvenes se unan por grupos: Los Chullitas se encargaban de la limpieza en general, los Evaristos preparaban las paredes, mientras los cucuruchos se encargaban de pintarlas, los Cantuñas del reciclaje. Realmente fue muy emotivo ver la unión de los empresarios y las familias locales para poder lograr este objetivo.
Tenemos que tomar conciencia de que estos actos vandálicos y dañinos para Quito también se dieron en otras partes del Ecuador, fueron días de desesperación y tristeza en todo el país.
Es momento de reflexión porque mucha gente salió perjudicada con once días sin trabajo, sin movilidad. Las marchas deben ser pacíficas y con diálogo entre las autoridades. El vandalismo sólo trae destrozos y muertes.
Estamos inmersos en un mundo lleno de convulsiones políticas, de discriminación, de regionalismo, de intolerancia. Es difícil la convivencia pero no imposible. Tenemos que poner en una balanza, y ver claramente los daños de las fuerzas de choque que se han producido en el Ecuador, y ahora también en el país hermano de Chile. Cada uno de nosotros -al promover el diálogo, el trabajo, la paz- contribuimos a un mundo más solidario, en el que podremos vivir como hermanos.
Los ecuatorianos y en general en América queremos poder salir a caminar sin tener un sobresalto, pasear con nuestros niños y mascotas en los parques, que los estudiantes puedan salir de sus colegios en calma y que sus padres los esperen sin preocupación. Queremos trabajar en paz, viendo al comercio fluir con normalidad, sin que de un día para el otro todo se vuelva un caos del cual no podamos salir y estemos arrepentidos toda la vida. (O)