Cumplió cien años. Lamentamos su desaparición física. Una centuria de vida dedicada al servicio de la patria chica y  grande, cien años de fructífera vida terrenal culminaron cumpliendo el mayor requisito de servicio al país, que lo realizó con toda intensidad. Una vida totalmente realizada dentro del  marco sagrado del amor al prójimo, la protección de sus derechos individuales y colectivos.

Me refiero a José Gabriel Terán Varea, caballero de linaje, de aquellos que lamentablemente en nuestra patria escasean, de aquellos ciudadanos que su desaparición física no desvanece su espíritu que es eterno, que perdura y se mantiene vigente en el tiempo -junto al pueblo-, en cada acto vital cumplido, en cada obra física realizada, en su producción intelectual, por sobre todo en su inmensa enseñanza del quehacer político.

Como todo ciudadano que ejerce la política en su estricta esencia como herramienta  de hacer el bien, entiendo también que tuvo detractores, es obvio suponer aquello, frente a su accionar local y nacional. La parte rica  de esta centenaria historia, sin apasionamientos, viendo los hechos y circunstancias históricas con la conciencia de justicia, libertad y verdad, reivindicamos su memoria y proclamamos su abnegada, acrisolada e inmaculada pulcritud de procedimientos en su quehacer púbico y privado.

Los caballeros de esta estirpe jamás mueren, simplemente se reagrupan en el sitio donde el Creador les asigne. Su jornada  vital nunca termina porque su obra -fundamentalmente intelectual- permanece latente como el gran ejemplo a seguir. José Gabriel Terán Varea seguirá vigente en el tinglado de la buena política. El eco de su voz retumbará en esta actividad humana de solidaridad y de servicio, tan venida a menos en estos tiempos. Su legado humanista-cristiano será fuente de enseñanza y de sabiduría para las actuales y futuras generaciones.

No hay la menor duda, la patria grande y la chica pierden a un preclaro hijo, un ciudadano que puso su talento y esfuerzo al servicio de su engrandecimiento y de su progreso. No de otra manera se entiende su designación como Ministro del Tesoro (Economía y Finanzas) a los 35 años de edad, prueba suprema que la aprobó con suficiencia, nada más ni nada menos que con el presidente Velasco Ibarra. No de otra manera lo tuvimos los cotopaxenses como su primer Prefecto. No de otra manera lo tuvimos como Concejal del Municipio del cantón Latacunga. Su magistral paso por el Tribunal Supremo Electoral y el permanente asesoramiento que brindó a esta Función esencial del Estado. Siempre dispuesto y preparado para el análisis de los más importantes y graves problemas  de la patria, para buscar sus soluciones, siempre buscando el más alto nivel de dignidad en el plano nacional e internacional.

Tuve el honor de conformar un equipo de trabajo del más alto nivel presidido y  liderado por él. Se trataba de concebir un documento único de identidad que remplazaría a la actual cédula de ciudadanía e identidad, similar a la tarjeta de seguridad social de los Estados Unidos. Creo que su último cargo en el servicio público fue el de Director de Asuntos Internacionales de la Función Electoral, participé como Delegado del IESS y compartí este importante trabajo en beneficio del país.  De estar vigente ese documento no hubiera existido fraude.

Me uno al dolor que nos produce su ausencia física, al que están pasando sus hijos y familiares, al que siente la patria toda, por esto y por mucho más, nos inclinamos ante la tumba de este gran ciudadano, bisabuelo, abuelo, padre, por sobre todo excepcional ser humano. Descanse en paz junto al amor de su vida, su señora esposa.(O)