La constante lucha de profesores frente a los chicos que llevan sus celulares a clase cada día es más frecuente. No basta para ellos el CHATEAR, verbo que no se conocía hace dos décadas, sino también aprovechan para grabar al profesor dando clase y también para tomar fotos a la pizarra con las tareas, no hay esfuerzo en este sentido.
La tarea de copiar lo que el profesor enseñaba en un cuaderno BORRADOR y pasarlo a limpio en casa, era sencillo; pero posiblemente a mi juicio fue la enseñanza más fructífera ya que nos ayudó a todos a memorizar, a tener prolijidad en el cuidado de los cuadernos y aprender muy bien las lecciones diarias.
Los juegos en la hora de los recreos, eran juegos muy dinámicos como las cogidas o congeladas, se trataba de que alguien designado de un grupo corría tras una persona y al toparle no podía moverse, es decir quedaba congelado, mientras la otra persona nombrada con antelación, le volvía a topar y podía moverse o descongelarse. Este juego podía durar la hora entera del recreo y faltaba tiempo para terminar con éste. Pobre de aquel que quedaba congelado.
Otro juego era la canasta o macateta, que consistía en lanzar una pelota pequeña que rebotaba y se iba cogiendo unas figuras de una en una, luego de dos en dos, y así en adelante. Tenía sus reglas y ganaba la persona que sabía todas las maneras de coger las fichas sin moverlas, y que la pelota no se saliera del campo establecido.
Quién no jugó párame la mano…; era un juego en el que se escribía en una hoja varias nombres comunes y había que completarlos con cada letra del alfabeto en un tiempo determinado, el que terminaba primero gritaba ¡párame la mano!, en ese momento se dejaba de escribir. Ganaba quien podía llenar más palabras con la letra designada.
El elástico era un juego que consistía en que dos personas se ponían en los pies un elástico grande, y las otras personas en turno lo iban saltando cada vez más arriba. Luego de los pies iba en las rodillas, cintura, cuello. Obviamente había que hacer maniobras para poder pisarlo o saltarlo dependiendo del nivel de juego.
El trompo, que era muy común y hasta en la actualidad lo venden, y consiste en enrollarlo y lanzarlo con el que se hacían varias maniobras y trucos.
Y así se pueden enumeran muchos juegos de antaño, que podrían volver a practicarse en los colegios para estimular la motricidad, la creatividad, la memoria, el dinamismo.
Hoy en día tenemos chicos inmóviles frente al celular, jugando juegos sincronizados, mirando películas, escuchando música con audífonos que -según estudios- hacen daños al oído si se los usa por muchas horas. Obviamente no ponen atención a lo que dicen las demás personas.
Algunos colegios han empezado por retirar el celular en las mañanas, retornándolo en la tarde, ya que el nivel de uso es incontrolable.
Si queremos rescatar la salud física y mental de nuestros niños, creo que es importante darles a conocer las herramientas con las que jugábamos los padres, que además de divertidas nos hicieron un gran favor. (O)