Nahomy Urbina, estudiante nicaragüense de 21 años de edad, ha emergido detrás de las trincheras improvisadas en el poblado de Jinotepe, Carazo, por la rebelde juventud “Nica” para luchar por sus derechos, frente a la arremetida criminal de Daniel Ortega y su malévola esposa, otrora guerrillero que lideró las huestes del pueblo libérrimo contra el dictador Anastasio “Tachito” Somoza.
Esta valerosa heroína, a pesar de padecer de cáncer linfático y encontrarse en tratamiento de quimioterapia, arriesga su vida por un pueblo oprimido, contra el autoritarismo genocida que no se detiene, en su afán satánico de mantenerse en el poder a cualquier precio. Más de trescientas vidas de seres humanos inocentes que se resisten a vivir de rodillas, han sido vilmente apagadas. Es así como Nicaragua ha elevado a Nahomy al rango de “Comandante Macha”, honor que no ostenta ninguno de sus adversarios.
Antes de que su país entrara en la peor crisis sociopolítica de los últimos cuarenta años, hace apenas tres meses, la joven Comandante tenía una vida normal, “salía con mis amistades los fines de semana, iba al mar, o sino a las hípicas”, escuchaba música y tiene dos tatuajes. Hoy se ha convertido en la inspiración de sus compañeros, fabrica armas artesanales, lanza morteros caseros, esquiva la muerte, se desliza en la obscuridad para evitar las balas asesinas que la buscan para aplacar su voz que inspira al pueblo, mientras libra otra lucha interna por su vida.
La diplomacia continental se apresura en activar los protocolos para enfrentar esta peligrosa crisis. La iglesia católica que ha ofrecido mediar, sin éxito, ha sido agredida de la manera más miserable. El repudio de los gobiernos de la región no se ha hecho esperar, pero la masacre sigue sin parar. Los pueblos hermanos que gozamos de relativa libertad no podemos seguir impávidos ante estos hechos. Ni siquiera hemos reaccionado con convicción ante el latrocinio y el exterminio de la hermana República de Venezuela, a pesar de ser testigos de la dolorosa migración forzada de decenas de miles de familias en busca de sobrevivencia en paz y con dignidad.
El siniestro experimento político, comercialmente llamado “socialismo del siglo XXI”, que nos encaminó en la misma dirección, gracias a errores de cálculo de sus malévolos autores intelectuales, se descarriló a tiempo, salvándonos del mismo destino oprobioso al que les ha llevado a países hermanos. No es suficiente que vivamos con la alegría de haber escapado a ese final de terror. Debemos valorar lo que tenemos y lo que estamos reconquistando. Es necesario activar las alarmas en nuestra sociedad para advertir el peligro que representa a la paz regional, la existencia de modelos dictatoriales que atropellan los derechos humanos y avasallan los pueblos hasta someterlos a sus ambiciones ilimitadas de poder.
Los ciudadanos de pensamiento libre debemos elevar nuestra voz de protesta y demandar de nuestro gobierno una posición clara y contundente, ante el gobierno autoritario de Ortega y ante los organismos regionales, respaldando toda acción real y efectiva para detener la masacre y el éxodo que ha empezado hacia los países vecinos. Debemos latir junto al corazón de los padres de familia que no pueden conciliar el sueño ante el riesgo que corren sus vástagos al deponer su propia comodidad y seguridad para luchar por la libertad de un mañana, que de pronto no lo puedan vivir. Defendamos la libertad que vivimos. Combatamos el autoritarismo en todas sus formas y espacios. Detengamos la corrupción que es el caldo de cultivo para esos afanes desmedidos de poder. ¡HONREMOS EL EJEMPLO DE LA COMANDANTE MACHA!(O)

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