Juan Gerardo Antonio Guaidó Márquez, presidente de la Asamblea Nacional y presidente encargado de la República Bolivariana de Venezuela, asumió repentinamente el liderazgo de la oposición mayoritaria venezolana al mayor desastre político, económico y social en el hermano país y en el mundo. Un joven ingeniero industrial comprometido con las causas sociales, ha debido tomar la posta de manos de activistas que no pudieron lograr una salida pacífica por la vía democrática. Su liderazgo es la mayor esperanza de un pueblo al que no le queda sino eso, la esperanza de que se acabe la existencia miserable en que les ha sumido un proyecto político ideado por Fidel Castro y heredado por Hugo Chávez.
Es admirable el aplomo que a sus 35 años de vida tiene Guaidó para enfrentar el poder y motivar a sus conciudadanos a no dejarse morir en la desesperanza. Es el paño de lágrimas de personas mayores, adolescentes, niños, enfermos, desempleados, hambrientos y todo aquél que no encuentra consuelo a su vida tortuosa, en un país que se asienta sobre una de las mayores reservas de hidrocarburos del mundo. Enfrenta toda suerte de amenazas, de mafias políticas, militares, cubanas, traficantes, corruptos y cuanta lacra humana puede desarrollarse a la sombra de un régimen que acumula las más protervas ambiciones mundanas de poder.
Ese camino al desastre que se inauguró para América Latina en el Foro de Sao Paulo y al que nos condenó el satánico proyecto comunista, REEMPACADO bajo el engañoso nombre de Socialismo del Siglo XXI, ha logrado un gobierno genocida que jamás hubiéramos imaginado para nuestra Región. Venezuela ha tocado fondo y gracias al desastre advertido hace bastante rato, otros países victimas en peligro, como Ecuador, pudieron reaccionar a tiempo y dar al traste con esas pretensiones. Moralmente, estamos obligados a caminar junto al pueblo Venezolano y tomar acciones efectivas que pongan fin a esa atroz existencia.
En medio de las marchas con banderas Patrias y blandiendo únicamente su angustia con la esperanza de encontrar una salida democrática, surge una mujer joven, con 26 años de edad pero muy valiente, madura en los temas sociales, con enorme sensibilidad y compromiso con su pueblo. Camina junto a su esposo Juan Guaidó, llevando en su alma la energía heredada desde su abuela, su padre agricultor y su madre periodista, fortalecida con la promesa de lograr un mejor país para su pequeña hija de 2 años. Se trata de Fabiana Andreina Rosales Guerrero. Una gran mujer que enaltece a la mujer Venezolana. Una mujer valiente que sin dejar de ser madre, alienta a su esposo y líder para que no desmaye hasta lograr una vida digna para su gente. Para todos los que injustamente han sido victimizados por un holocausto político que no merecen.
Son veinte años que le tomó al experimento ideado por Castro, ejecutado por Chávez y el miserable Nicolás Maduro, poner al borde del exterminio a la sociedad llanera. Los derechos humanos han sido arrasados sin piedad y ante la mirada impotente del mundo civilizado. Las amenazas y acciones indirectas de presión, de más de 50 países, no han surtido el efecto deseado. Mientras que se pierden vidas de inocentes ante la desesperación de madres, hijos, hermanos, familiares, vecinos, amigos y compatriotas.
La fuerza moral y convicción que proyecta Fabiana a su esposo Juan y quienes le siguen es una bendición para los patriotas que marchan hacia la paz y en busca de una vida digna. Dios bendiga a aquella GRAN MUJER que camina sin temor junto a un GRAN HOMBRE, hasta alcanzar, muy pronto, la victoria. ¡FUERZA HERMANAS Y HERMANOS VENEZOLANOS!(O)