En el 2019, fueron pocos los libros que se publicaron en Latacunga, sin embargo, considero digno de recomendar la lectura de “Juramento – Poesía: la fuerza del alma” del Dr. José Augusto Córdova Robert; quien, bajo el sello editorial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo de Cotopaxi, puso a disposición de los lectores la primera edición de un trabajo que empieza a fraguarse en 1956 con el seudónimo de Fernando Recio.
La obra, prologada por su hijo Carlos Córdova Cepeda, acoge en sus 59 páginas el vuelo de una poética libre que, entre cartas, oraciones, monólogos, romances y apologías consigue que afloren con fuerza telúrica los más íntimos sentimientos del autor, quien vio la luz primera en San Miguel, cabecera del cantón Salcedo, un 4 de enero de 1935.
El Dr. Córdova Robert, hombre público de dilatada trayectoria, no necesita presentación en la sociedad latacungueña, basta escuchar su nombre para tener el referente de un jurisconsulto respetado, ejemplo de ser humano íntegro, de honradez inmaculada, defensor incansable de los derechos humanos y firme portavoz de las causas populares.
La obra toma el nombre de su poema “Juramento” dedicado a los magistrados ecuatorianos y a todos quienes todavía creen en la justicia social; y qué oportunos y aleccionadores versos para estos difíciles tiempos, en donde la administración de justicia con o sin razón está en boca de todos, más aún si los asuntos que se llevan a los altos tribunales tienen que lidiar con los gigantes y perturbadores tentáculos de la corrupción.
Los versos de ese poema trazan el inicio y el propósito supremo de quienes escogen una carrera profesional compleja, que está en la obligación de ayudar a aliviar los males de una sociedad complicada, con profundas contradicciones y desigualdades generadoras de múltiples conflictos.

Firme en la emoción que el miedo arreciaba
no vacilé en penetrar en la entraña luminosa,
cristalina, pura, con la pureza de una diosa;
la inmortal Universidad del Ecuador,
íntima, nuestra… ecuatoriana al fin
cuna inmaculada de la gloria y del honor.

Toda su savia tentadora sorbí desaforado,
su virtud derritióse a borbotones en mi sangre,
surgió en mí el deseo insatisfecho,
el grito de una raza de indómitos guerreros
expoliada sí, jamás vencida;
y su lucha era ya mi pendón y mi bandera;
qué estudiante de Derecho
-por vez última y primera-
no ha estrujado en su pecho
una santa rebeldía?

Mi felicitación sincera al Dr. Córdova Robert por este aporte a las letras de Cotopaxi, es por eso que al cerrar esta nota tomo prestada la pluma de Fernando Recio para decir:

Soy Juan del cielo y la tierra,
del aire, del sol, del mar;
mi sombra está en todo el mundo
yo soy el pueblo, soy Juan.
(O)