Nada ha recibido tantas críticas, como los actos de corrupción investigados en estos tiempos de crisis extrema, en los que la pandemia ha dejado en terribles condiciones a la economía nacional.

Justamente a los involucrados en estos actos, parece que el diablo se les durmió, y fue así, que, a uno de ellos, el avión en el que escapaba, el mayor implicado en estas picardías, el que manejaba la red de mafias más grandes en los hospitales, se estrelló en Perú.

El pasado lunes, seguramente el estrés, acabó de un infarto, con la vida del prefecto del Guayas, a quien se le acusaba de otros cuantos negociados y actos de corrupción, en los que aparecían implicados su esposa e hijastros. Sin duda ante estos acontecimientos, parece que la mano divina está poniendo su propia ley. 

Ecuador es un país que ya no puede más por corrupción. Estamos agobiados por este tipo de actos, que están aniquilando la tranquilidad y el futuro de nuestra Patria. La justicia no puede descansar hasta dar con todos quienes han cometido estas irregularidades, que en estos tiempos difíciles adquiere un dramatismo total.(O)