Escribo estas líneas desde la paz del hogar de mis papis, luego de haber reflexionado con ellos y mis hermanos a lo largo de meses respecto a la posibilidad de aceptar una candidatura en las elecciones seccionales que se avecinan y haber coincidido en que no era el momento para hacerlo, mis tareas profesionales y una nueva maestría que inicio el próximo sábado habrían hecho que mi dedicación a la campaña electoral y -si la ciudadanía así lo permitía- el ejercicio del cargo político se vean minados en la atención que Latacunga requiere.

         Pero las escribo también con el corazón henchido de amor por la tierra que me vio nacer, esa hija del volcán, devota de la Virgen, esa Latacunga que no se dio nunca por vencida, ni con erupciones, ni con deslaves, ni con vías cerradas, ni con malas administraciones y sigue altiva, desafiando al destino que sus autoridades eligieron para ella con más emprendimientos, más sueños, más desafíos y claro con muchísimos más ciudadanos.

         Hace unos días Facebook me trajo el recuerdo de una publicación de Eduardo Paredes en la que compartía la foto en la que se recordaba la fecha en la que Gonzalo Zúñiga Alcázar, ex Alcalde de Latacunga adquiría para la ciudad la hacienda obraje de Tilipulo en su administración (1978-1984) y eso me puso a reflexionar “si han pasado casi 40 años desde que el Municipio es propietario de Tilipulo y nada extraordinario se ha hecho en ella ¿qué ha pasado en el resto del cantón? ¿cómo es la Alcaldía que Latacunga merece?”

         Y trataré de contestarme en estas mismas líneas y precisamente lo haré con el recuerdo de Gonzalo, a quien tuve el placer de conocer, el gusto de hablar con él y el honor de aprender, he leído mucho de la que fue su gestión y al recorrer Latacunga puedo evidenciar que varias de sus obras continúan sirviendo a los latacungueños aunque lo desconozcamos.

         Gonzalo y su Concejo, con ediles de primera y que no cobraban sueldos, planificaron una ciudad que iba creciendo, Alcoceres por ejemplo (la planta de agua potable que aún dota a la ciudad del líquido vital) en gran parte fue su gestión, enorme para entonces e insuficiente por sí sola hoy, porque Latacunga se ha extendido por todos los costados y proveer de agua a barrios y comunidades periféricas es obligación de la nueva administración.

         Nuestro estadio, el Municipal “La Cocha”, fue repotenciado por él hasta quedar prácticamente en el estado en el que se encuentra hoy y desde entonces, más allá de cambios importantes en el gramado y la pista atlética, se lo ha dejado huérfano, ya no sé cuántas veces he recomendado hablar con los equipos sin estadio propio de la Primera Categoría para tener fútbol en Latacunga, algo que tras el descenso de la UTC a Segunda no disfrutamos hace tiempo, la nueva Administración debe hacerlo.

         Pero más allá de obras concretas, Latacunga necesita de una Alcaldía que no solo sea de puertas abiertas, para que los ciudadanos peregrinen al Municipio para hablar con su Burgomaestre, sino -y sobre todo- de Alcalde o Alcaldesa viajero, aventurero, que salga de las cuatro paredes de su oficina y camine por su cantón entero, que madrugue con los recolectores de basura y entienda la gran labor que hacen y que se acueste después de que las últimas comunidades apaguen las luces porque conversó con ellas para entender sus necesidades.

         Latacunga necesita un Cabildo, concejales incluidos, que dejen las absurdas peleas por “obritas” y se centren en proyectos enormes, el transporte público integrado, la generación de nuevos polos de desarrollo, la red de mercados, los nuevos parques, la regeneración urbana y rural que promueva el turismo, el plan maestro de alcantarillado, los parqueaderos, pero también la difusión de la cultura en las comunidades, la exaltación de las fiestas populares (más allá de ponerse poncho y sombrero en Tanicuchí en campaña), los convenios de desarrollo productivo, la promoción de nuestra tierra como destino, la automatización de trámites municipales, la recuperación de los ríos, la gestión del aeropuerto, etc. Esa esa la Alcaldía que Latacunga merece. (O)