El otoño ha llegado a Chile y el frío se hace notar. Entonces se congelan las frutas y verduras que no saldrán hasta el año siguiente; se añaden unas cuantas cobijas extras a la cama; se guardan las sandalias y las camisetas, mientras se sacan del closet los suéteres y abrigos. Y es que el otoño es el recordatorio que llegarán días aún más fríos y no queda más que prepararse.
Fue justamente en una noche de insomnio que se me ocurrió comprar un par de zapatos para el invierno. Busqué entonces en Google una reconocida marca de productos outdoor (Lippi) y accedí a la primera página que mostraba el buscador. ¡Cuál sería mi sorpresa al ver que toda la tienda estaba por encima del 50% de descuento! Con fascinación y entusiasmo añadí, no solo el par de zapatos que quería, sino también buzos térmicos y chompas, para Francisco y mis papás. Sin duda, prendas de ese tipo resultarían el regalo ideal; incluso se me ocurrió que podría vender algunas para nuestra próxima visita a Ecuador.
Para cuando revisé el carrito de compra contaba con 10 productos que daban un total de USD 450. Pensaba concretar el pago al día siguiente, por lo que preferí seguir indagando las ofertas. A medida que exploraba la página me iba sorprendiendo el bajo precio de todos los productos mostrados; chompas que originalmente costaban USD 300, se ofrecían a USD 45. Era demasiado bueno para ser verdad y empecé a dudar. Hice clic en los enlaces de las redes sociales y ninguno de los botones funcionó, algo impensable en este tipo de marcas.
Intrigada por lo que pasaba, busqué esta vez en Google “Estafa Lippi” y el horror: un sin número de denuncias de personas que habían hecho compras y sus productos nunca habían llegado. Evidentemente sus reclamos iban en contra de la marca, pero en esta historia había terceros: los ciberdelincuentes. Pues sí, los robos, ahora también son online; criminales especializados en programación y diseño web que replican de forma idéntica las tiendas en línea de las marcas oficiales, seducen con atractivos descuentos a sus víctimas, realizan los cobros, mientras los clientes nunca reciben sus compras.
Estuve a punto de caer en la trampa y ser una más en el grupo de estafados. Y es que los ciberdelincuentes crearon el plan perfecto: habían ubicado su página en la primera posición de la búsqueda incluso por encima de la tienda real; las imágenes, diseño y texto eran las mismas de la marca y las ofertas que ofrecían resultaban ser muy tentadoras.
Tuve la suerte de haberme dado cuenta, pero me queda claro que hoy más que nunca debemos estar atentos, incluso cuando navegamos y realizamos compras en internet. Para que no nos sorprendan es importante desistir de las compras en los siguientes casos:
• Cuando la dirección web no inicia https, el cual es un certificado digital que establece una conexión segura entre el servidor y el cliente
• Si la web muestra incoherencias en el url, botones, calidad de las imágenes, diseño…
• Si el sitio web ofrece varias formas de pago, pero al momento de pagar solo acepta tarjeta de crédito.
• Si los Términos y condiciones, Política de privacidad no están incluidos o están mal redactados.
• Si los precios que se muestran son anormalmente bajos con relación a los del mercado. (O)