Juan Fernando Tovar

La comunicación dentro de las familias es un elemento fundamental para el adecuado desarrollo de las relaciones internas, así como de la salud mental y social de todas las personas. Para muchas personas la comunicación es algo que se da por hecho, por lo que es frecuente que se deje de lado este tema y no se le preste la atención necesaria, generando dificultades y aumentando el riesgo de padecer determinadas alteraciones a nivel mental. La comunicación se relaciona de forma estrecha con la presencia de redes sociales de apoyo, que proveen a los individuos vínculos necesarios para resolver problemas de la vida diaria. En el artículo de esta semana hablaré acerca de la comunicación familiar, señales de que se ha deteriorado y algunas sugerencias para mejorarla.

La comunicación nos permite transmitir ideas y emociones a las personas que nos rodean, permitiendo aumentar la seguridad y confianza que sentimos de nosotros mismos y de los que nos rodean. Una comunicación sólida funciona como un puente entre los integrantes de la familia, facilitando la solución de problemas y el manejo adecuado de emociones, si desde el hogar se promueve un diálogo abierto, directo y claro acerca de situaciones positivas y negativas se promueve que esta forma de comunicarse se replique en otros contextos fuera del hogar, haciendo posible que niños, niñas y adolescentes tengan relaciones basadas en la confianza y el respeto.

Existen varias formas en que las personas se comunican, sin embargo, dentro de las familias ha sido posible distinguir cuatro tipos de comunicación: 1) Clara y directa: es el tipo de comunicación más sana, en este la persona comunica un mensaje de manera clara hacia el familiar apropiado, p.ej. “hijo, estoy molesto contigo porque no has barrido la sala”; 2) Clara e indirecta: se comunica el mensaje de manera clara pero no se lo realiza directamente hacia una persona, p.ej. “me molesta que no se haya arreglado la casa”; 3) Enmascarada y directa: el contenido es poco claro pero se dirige a la persona adecuada p.ej. “hijo, no hay compromiso con el hogar”; y 4) Enmascarada e indirecta: ni el mensaje ni el receptor del mismo son claros, es la forma de comunicación menos eficaz, p.ej. “los hijos ya no ayudan como antes”. Es importante que identifiquemos qué tipo de comunicación presentamos en nuestro hogar y qué efectos generan en nosotros y en nuestros seres queridos, con el fin de acercarnos a comunicaciones más claras y directas.

La comunicación clara y directa que se basa en el respeto y la confianza, requiere de ciertas habilidades, entre las más importantes se encuentran: paciencia, capacidad de ponerse en el lugar del otro, entender que existen diferentes formas de ver el mundo, escuchar atenta y respetuosamente, no juzgar, centrarse en el presente ofreciendo soluciones a los problemas y reconocer los propios errores. Cambiar la forma en la que nos comunicamos requiere de tiempo y esfuerzo de nuestra parte, sin embargo, al lograrlo se modificarán nuestras relaciones con nuestros seres queridos y por lo tanto aumentará la seguridad, disminuye la desconfianza y se abrirán canales de comunicación sobre temas que pudieron haber sido difíciles de abordar.

El primer paso para cambiar algo es darse cuenta de que las cosas no están funcionando como lo esperamos, si somos conscientes de que la manera en que nos comunicamos no es lo suficientemente saludable o eficaz podemos comenzar a realizar ligeros cambios de manera progresiva hasta alcanzar nuestro objetivo, es valioso observar a cada oportunidad en la que nos relacionamos como un espacio en el que podemos experimentar nuevas formas para interactuar con las personas que nos rodean, esto nos permite disminuir el temor al cambio. Si es que has tratado de cambiar la forma de interactuar, pero ha resultado difícil puede ser una gran idea acudir donde un profesional que te guíe en este proceso. (O)