La Convención Nacional de 1897, entre otros temas de importancia, intentó aprobar un proyecto de reordenamiento de la División Política de la República; se ha comentado que en dicho proyecto de ley constaba como cabecera de un nuevo cantón, la ciudad  San Miguel de Latacunga.

Conociendo que uno de los diputados convencionales era  Celiano Monge, tan amigo como entendido en la realidad sanmigueleña, tal vez sería de su iniciativa  el intento de cantonizar a San Miguel y su comarca, pero la Convención, por diversos motivos no acogió a discusión el referido proyecto de Ley.

Creo yo; mejor para nosotros los habitantes de esta ciudad, que en esa oportunidad, el cantón no pudo nacer, no es una  cuna ideal, el tan paternal como gratuito auspicio de un erudito y entusiasta diputado convencional, por bien intencionado que éste haya sido. Una cantonización debe ser concebida y mentalizada  en la fibra más íntima de la razón y del corazón de un pueblo, si hablar podemos de un corazón popular,  y no sólo eso, sino que ese pueblo debe luchar por su ideal, proyectar itinerarios, buscar caminos y rutas para llevarlo hacia adelante, poner pasión y grandeza en la lucha, y que, en esa batalla todos sus hijos esten unidos, esforzados y valientes; sólo así, una nueva creación seccional tiene mérito y se perenniza en la historia de un conglomerado social y político.

Pero este intento aparentemente  fallido, no fue tal, se constituyó en una especie de palanca, que iba sacando a flote e incentivando inquietudes cívicas de la clase social más instruida de la ciudad  San Miguel de aquellos años, la misma que, con el ingreso al nuevo siglo (el XX), comienza a contagiar con insistencia,  el grato ideal de su cantonización, el cual se fundamenta en los siguientes méritos y acontecimientos:

La Carretera Nacional, desde el año 1865, cruza diagonal a su Plaza Central, con la construcción de dos obras públicas de mucha importancia: los puentes de cal y piedra sobre el riachuelo Compadre Huayco, al margen norte de la ciudad y sobre el río Cutuchi frente al poblado Pansaleo.

Las dos torres norte del templo han sido nuevamente  construidas, esta vez, con un nuevo modelo arquitectónico, más altas y elegantes; en las postrimerías del siglo XIX.

Los progresistas habitantes de la Ciudad, en el año 1903, mediante cuotas, compran un reloj público de fabricación alemana, para también a su costo, ubicarlo en la parte alta del torreón central del templo. El reloj era tan grande que, para que quepa elegante en la parte más alta,  tuvieron que aumentar la altura del torreón.

En 1906, por entre el júbilo de la ciudadanía, pasa junto a la población la enrieladura del ferrocarril y, en los primeros  meses del año 1907 llega a San Miguel la locomotora Nro. DOCE, en medio del alborozo de una compacta ciudadanía que sale a saludarla como a un símbolo de progreso.

En un folleto titulado ‘Guía del Ecuador’, que fuera editado el año mil novecientos nueve (1909) en la ciudad de Guayaquil, en su página 1107, dice  lo que a continuación transcribimos:

 “La parroquia de San Miguel, situada al Sur de Latacunga, a la distancia de once kilómetros, limitada al Norte con San Sebastián y San Felipe, al Sur con Pansaleo y San Andrés de Píllaro, al Este con la región Oriental y al Occidente con Pujilí. La población es de siete mil habitantes y comprende, a más de la central, las secciones de Anchiliví, Mulliquindil, Papahurco, Sicchocalle Collanas, Salache y Rumipamba. Posee una iglesia y cinco capillas públicas y un cementerio, locales cómodos para escuelas, casa consistorial, cárcel y un torreón con reloj público.  Sus calles son rectas y la mayor parte de los edificios particulares son cubiertos de teja. La temperatura y clima son de lo mejor y propios para convalecencia, y por tener hermosas huertas frutales que sirven de paseo. Es San Miguel uno de los pueblos más importantes por su agricultura, industria y comercio y por hallarse cruzado de N a S por el ferrocarril y la carretera Nacional. Sus manufacturas de lana y algodón, tales como frazadas, ponchos, macanas, etc., son muy apreciadas, y el chocolate que allí se elabora es el más apetecido en los mercados de la República. Tiene siete escuelas de enseñanza primaria. Los días jueves y  domingos tiene feria en las que circulan de cuatro a cinco mil sucres.”

En 1916, otra vez los entusiastas ciudadanos de San Miguel, mediante colecta pública, compran una pila de bronce, y realizan los correspondientes trabajos para que  de ella brote agua a cuatro metros de altura, en una Ciudad que no dispone  de agua entubada, ni potable, ni no potable, pero de la Pila  o Fuente Pública como la denominaron, ubicada en el centro de la Plaza  Mayor, brotó agua y fue inaugurada con  muchísimo alegría y regocijo,  el veinte y cinco  de diciembre de 1916.

 Este acto inaugural fue un verdadero acontecimiento social, y quizá algo más, una apoteosis del civismo ciudadano, los habitantes de la ciudad y de sus alrededores, de las parroquias hermanas de Cusubamba, Mulalillo y Pansaleo, en comunión de ideales, festejaron el acontecimiento y lo que es más, se sintieron suficientemente preparados, para administrar con éxito la vida cantonal, porque personal preparado para ello, lo tenían de sobra.

En esta feliz inauguración también participaron prestantes personajes de la ciudad de Latacunga y de toda la provincia de León; igualmente, innumerables amigos ambateños, todos cobijados por una aspiración de prosperidad y adelanto.

Estoy convencido de que  esta venturosa circunstancia crea el ambiente propicio, para que la ciudadanía se organice y solicite al Congreso Nacional, con razonada vehemencia, el correspondiente Decreto de Cantonización.

Continuaremos escribiendo sobre este importante tema, el CENTENARIO DE LA CANTONIZACIÓN DE SALCEDO. Oswaldo Navas Albán. Ced. Id.050011713-0 (I)