EE. UU. país de los sueños y realizaciones materiales, está enfrentando un remezón de conciencia internamente, que ya ha salido de sus límites, cosechando: reclamos y repudio, ante la arremetida del señor TRUMP, por detener la inmigración -según él- incontrolable de ciudadanos de México y Centroamérica.
TRUMP, tiene un bloque mayoritario de legisladores republicanos en la Cámara de Representantes (Legisladores), pero este bloque de su Partido está dividido en lo tocante a la nueva Ley de Inmigración, una ley muy dura, para controlar el ingreso de indocumentados en busca de trabajo en su país.
Antes de la aprobación de esta ley; que por supuesto, aún no logran aprobarla; en el intento de parar la entrada de inmigrantes a EE.UU el presidente norteamericano, con una actitud populista; dicen sus adversarios demócratas, ha intentado varios mecanismos; desde construir un “muro” en la frontera entre EE.UU y MEXICO, para esto viajó al país azteca, conversó en vano con Peña Nieto, ya que éste, nunca aceptó semejante despropósito, donde además quería que esta construcción la pagara México.
Ante la inminencia de la aprobación de esta ley anti – inmigración, miles de familias mexicanas, se pusieron en alerta y con el apoyo de colonias hispanas, europeas, afros, y hasta de los mismos EE.UU, salieron a las calles, de muchas ciudades del gran país del Norte, a protestar por lo que se venía; la disgregación de familias enteras, cuyos hijos ya nacieron en EE.UU y sus padres iban a ser deportados a su país de origen, como en verdad está ocurriendo.
Llegó al extremo de esta orden y desdichada decisión del señor TRUMP, de separar a los padres y madres de sus hijos, éstos últimos fueron recluidos en verdaderas “jaulas metálicas”, lo que despertó la ira y la unión al mismo tiempo de cientos de miles de ciudadanos que se levantaron en contra de semejante atropello a los DD.HH y el señor Presidente no tuvo otra cosa, que dar reversa ante la decisión de un JUEZ californiano; quien ordenó, el día martes pasado por la noche, a las autoridades federales en la frontera que reúnan a las familias separadas antes de 30 días. Si los niños son menores de cinco años, deben ser entregados a sus familias en 14 días.
Mientras tanto los legisladores republicanos pensaban en un Plan B: aprobar una ley menos rígida a fin de superar la separación de familias migrantes. ALLA TAMBIÉN COBRA VIGENCIA LA LUCHA POR EL RESPETO A LOS DD.HH.(O)

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