Existe expectativa de todo un país que mira con atención este proceso, por muchos años la industria petrolera fue el principal motor generador de ingresos en el arca fiscal ecuatoriana, al día de hoy solamente es superada por la recaudación de impuestos. Para el año 2020 existía la expectativa de que el petróleo recaudaría 3200 millones de USD, lo que frente al los 35498 millones de USD de Presupuesto General del Estado representa un 10%, aun así, este contingente es muy importante dentro de la programación presupuestaria anual.

Para poner en contexto la fusión es importante saber que el punto de partida de este proceso fue el decreto 723 de abril de 2019, el presidente Lic. Lenin Moreno estableció que para enero de 2021 debía entrar en operaciones una sola empresa que acogiera las competencias de Petroamazonas (exploración y producción) y Petroecuador (transporte, refinación y comercialización), para lo cual se creo la Unidad Temporal de Fusión, la cual la preside el Ing. Diego Tamariz. La fusión tiene un costo de 20 millones de USD y es financiado en su totalidad por el Banco Interamericano de Desarrollo.

La industria del petróleo está gobernada por macroprocesos como el Upstream , Midstream y Downstream, en ese sentido administrar  de manera integral estos procesos ayudará a tener una gestión efectiva en torno a lo tributario, legal, ambiental y sobre todo para generar ingresos que permitan autofinanciar las operaciones y los trabajos de exploración que al final del día será lo que evite una declinación severa de la producción en los años venideros.

Suelo decir que todo cambio es para bien, y creo que esta fusión no debería ser diferente, si partimos de la premisa de la optimización, la eficiencia y si se quiere hasta por ahorro.

La absorción esta definida y al día de hoy se conoce que será Petroecuador quien se quede con todas las áreas operativas de Petroamazonas (según lo emitido el 28 de agosto de 2020), desde mi punto de vista esta fusión traerá una mejor administración integral de la industria petrolera ecuatoriana.

Lo que se espera de este proceso es que la integración de las dos empresas estatales traiga una ventaja competitiva para el entorno volátil del mercado petrolero. Además, lo ideal sería que esta integración favorezca al incremento de la producción que por varios años ha permanecido en torno a los 500 mil barriles/día, un límite que no ha sido superado incluso en aquellos años donde el precio del petróleo estaba en el rango de los 80 -100 USD. Con esto queremos decir que se tiene un desafío muy grande para superar la tasa de producción diaria y de esa forma dejar de subutilizar el OCP y fomentar la inversión privada en los intracampos, campos maduros y en el sur oriente.

En el mundo se puede ver los potenciales beneficios de la integración de los sectores petroleros y de la dirección integrada de las mismas bajo una gestión coherente y sistemática, es el caso de las grandes petroleras como Shell, BP, Equinor, y algunos ejemplos estatales no muy exitosos (por cuestiones políticas) pero que en todo caso apoyan la idea de la integración como modelo de gestión, así tenemos PEMEX y PDVSA.

Este proceso de fusión es la oportunidad perfecta para refundar la industria petrolera ecuatoriana, devolverle la grandeza a una institución pública que por años contribuyó con fondos para levantar y desarrollar al Ecuador, este es el momento de estructurar una empresa sólida, de mucha ética que devuelva la confianza a los ecuatorianos y no den una nueva petrolera estatal ecuatoriana de la cual podamos sentirnos orgullosos. (I)