El ser humano desde hace cientos de años viene combatiendo una guerra a escala mundial, que se inició en Inglaterra cuando se pone empeño en buscar técnicas de mecanización para producir más, por lo que fue necesario construir grandes máquinas movidas por el carbón como fuente de energía.

A partir de ese momento cientos de miles de pequeñas batallas dan forma a la Cruzada mundial del Hombre contra la Tierra, una guerra de autodestrucción contra su propio hábitat, en la que ataca y destruye sus fuentes de alimentos naturales, de producción de oxígeno y de reservas de agua potable necesarios para la vida. Esta es una guerra de la que todos somos parte, en la que a diario utilizamos nuestras propias armas de destrucción masiva, tan masiva que están destruyendo a todo ser vivo sobre el planeta.

El automóvil, la refrigeradora o el equipo de aire acondicionado, con las tecnologías que se han aplicado hasta ahora y solo por citar algunos ejemplos, sumados al consumismo desmedido e irresponsable, provocan un efecto negativo en los ecosistemas del mundo. Claro que esas no son las únicas armas con las que contamos, como dignos ‘seres superiores’ hemos perfeccionado nuestro poder de fuego para que no haya posibilidad de perder esta guerra.

Tenemos y usamos la mejor tecnología para crear nuestras bombas ecológicas, como los derrames de petróleo, la minería a cielo abierto, las centrales nucleares, las mega represas; incluso estamos perfeccionando desde hace algún tiempo la técnica de modificar genéticamente de forma directa o por contagio, todo lo que sobreviva en la Naturaleza.

Debemos detener esa guerra que lamentablemente estamos ganando hipotéticamente porque a la final estamos perdiendo y la única forma de hacerlo es dar un vuelco muy grande en el rumbo que el desarrollo humano ha tomado, porque si éste no es ambientalmente sustentable, si no tenemos la precaución de utilizar sin destruir, de producir sin contaminar, de consumir de forma responsable; si no terminamos con las guerras de misiles, bombas de uranio, plutonio e hidrógeno, y si no utilizamos fuentes de energías limpias, el fin de la guerra se ve próximo y lo peor del caso es que nuestra ‘victoria’ será terminante.

Todos los humanos responsables y conscientes de la situación crítica en la que se encuentra nuestra Madre Tierra, debemos estar en contra de todas las guerras y de manera especial de la que más víctimas han ocasionado hasta el momento, de la que más daños ha causado: la guerra del Hombre contra la Tierra. Debemos convertirnos en la resistencia organizada, porque nosotros también somos la Tierra y en realidad la destrucción de la Tierra sería nuestra última batalla.