Vivimos un problema de inseguridad ciudadana, ya que se observa un creciente número de hechos delictivos, somos conscientes de este particular, por los casos diarios informados en los medios de comunicación. El cometimiento de delitos graves como, el sicariato, asesinato, femicidio, robo, entre otros son infracciones que causan una alarma social, llevándonos a formular la pregunta ¿Qué es lo que pasa con nuestra sociedad?
Se evidencia una pérdida de los valores humanos que en sí son valores morales que residen en la conciencia de las personas; siendo estos positivos permitirán una convivencia saludable, pero siendo negativos tenderán progresivamente a la destrucción tanto del propio ser así como también de lo que le rodea. Basta pensar que “lo que algunos jamás se atreverían a hacer, otros lo hacen con regularidad, pero lo maquillan para que no se sepa o descubra”
Claro alguien dirá por ahí, el crimen ha existido desde los mismos inicios del hombre; evidentemente sí, la religión y la historia así lo han señalado en sus múltiples pasajes y relatos del desarrollo humano. Para entender su complejidad aparece la Sociología Criminal como ciencia que estudia el delito como fenómeno social, su investigación es compleja y necesita de análisis profundos, para comprender ciertas conductas abordando así, las tesis acerca de la fenomenología criminal.
Los estudiosos del comportamiento humano opinan que, emociones como el odio, la envidia, codicia, celos, tienen gran impacto en la personalidad, lo que se ve reflejado a la hora de transgredir la ley, considero que condiciones del individuo como la desventura, la miseria, la pobreza son realidades que pueden desestabilizar la psiquis y el carácter del individuo, volviéndolo impulsivo y agresivo ante sus iguales, de esta manera trastornado no consigue distinguir lo bueno de lo malo y delinque.
Cada vez es más común escuchar que, alguien cercano a nuestro entorno familiar, social, laboral, ha sido víctima de algún delito; en las conversaciones se destaca al robo como una infracción cada vez más usual en todas las latitudes, precisamente este hecho es el menos denunciado, ocultándose así de las estadísticas y quedando en la impunidad, quizá por miedo, desconocimiento, falta de tiempo, desconfianza en la justicia, en fin.
La verdad es que nadie parece estar seguro en ninguna parte, ni estar exento de los riesgos y peligros de la delincuencia; ciertamente hay mayor inseguridad en las ciudades que crecen a un ritmo acelerado, es ahí esencialmente en dónde el caos el desorden y las brechas sociales influyen en la falta de seguridad.
Mientras evolucionan las sociedades, también lo hacen las formas de criminalidad, siendo una tarea constante del Estado por intermedio del poder legislativo el tipificar las conductas delictivas y sus penas para adecuarlas al ordenamiento jurídico y proteger de esta manera a la sociedad de todo tipo de violencia; pero entre más se trata de endurecer las sanciones persisten los delitos, lo que me lleva a concluir que muchos problemas, por no decir todos los que existen en la sociedad, se deben al ser humano y su interacción con el medio. “si el cambia, todo cambia” claro está si las heridas o trastornos son efectivamente superables.
Si la conducta del individuo es el inconveniente, el Estado por intermedio de todo su aparataje deberá trabajar en su formación, haciendo énfasis en los primeros años; la infancia, porque es ahí donde se establecen los valores fundamentales para su desarrollo posterior, si durante esa etapa la persona se encuentra expuesta a una serie de controversias como violencia intrafamiliar, desventajas sociales, situaciones de pobreza, en el futuro necesitará ayuda externa en la construcción de su resiliencia, lo que conlleva hacer un mayor esfuerzo fiscal en el intento de moldear conductas ya definidas.(O)

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